La Media Luna Fértil
uchos analistas geopolíticos advierten que el mundo enfrentará una guerra global por el agua dulce y las áreas donde ella se concentra, en pos de garantizar la seguridad alimentaria, el negocio de la distribución para el consumo y la agricultura.
No obstante, esa guerra de manera localizada ya empezó en Medio Oriente (Asia sur-occidental) hace miles de años, una zona plagada de tensiones permanentes, que se explican casi siempre a partir del problema religioso, sin destacar que la causa de los conflictos tiene que ver con el control de la llamada Media Luna Fértil, el gran espacio localizado entre los ríos Tigris, Éufrates, Jordán y el mar de Galilea, en cuyos alrededores se encuentran varios montes que contienen agua subterránea, entre ellos el de Jericó.
Los pueblos en disputa por el agua desarrollaron la tecnología y afición por la guerra, la memoria sobre sus linajes y la cohesión social basada en el parentesco. Reconocían la existencia de dioses propios y ajenos y tenían por cierto que ellos también se enfrentaban para lograr la victoria a favor de su pueblo. Durante miles de años se mantuvo la tradición bélica, el politeísmo y las unidades étnicas, aunque algunos grupos se diferenciaban de otros por ser más agrícolas o mercantiles. Todos los vencedores imponían el tributo a los subyugados bajo el alero de su ideología imperial.
Y todos los vencidos se rebelaron después para acceder al agua, evitar los tributos y limitar al imperio enemigo. Así, de manera casi infinita, se mantuvo ese gran espacio en estado constante de guerra. Una de las rupturas más significativas se produjo cuando el pueblo judío canonizó la idea de que su dios debía ser el único e inició un proceso de persuasión para homogeneizar la religión, la misma que se propagó después por el mundo occidental, aunque en cada lugar y en cada época adquirió su propio sentido social y se mimetizaron decenas de dioses y diosas de menor jerarquía, aunque de mayor adoración.
Los pobladores más antiguos de la antigua Media Luna Fértil, de la cual formaba parte la Tierra de Canaán, fueron, entre otros, los de la confederación israelita, entre los que se encontraban los judíos; los asirios, sirios, los fenicios y los filisteos o “pelishti”, como se llamaba a los palestinos. La historia de estos pueblos, que se refleja en el presente en todo el orbe occidental, siempre estuvo acompañada de la guerra por el agua, el poder, la religión y la idea de linaje. (O)
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