Justicia para la Universidad de Manta
En la ensenada de Manta se asentó una potente urbe prehispánica que colapsó tras la imposición del orden colonial (S.XVI). El puerto resurgió en el siglo XIX y se convirtió en un punto de enlace para la exportación regional agro-manufacturera. Montecristi controló el espacio hasta que grupos locales lograron convertirlo en cantón en 1922.
Al concluir el periodo agroexportador regional a finales del siglo XX, la crisis fue especialmente aguda en Manabí. Miles de campesinos migraron al imán del Manta proto industrial. Fueron tiempos en los que Portoviejo estuvo atrapada en la violencia, nucleada en su universidad, reflejo de una vieja historia de cacicazgos armados heredados del siglo XIX.
En ese contexto de crisis se concibió una de las más importantes obras ejecutadas en toda la historia de Manabí. Lejos de ser una obra de ingeniería, fue una obra educativa, que cumplió tres roles fundamentales: le dio a Manta un nicho para una clase media de la que carecía totalmente, rompiendo además la marcada división étnico territorial con el Tarqui indígena. Institucionalizó la formación de profesionales y maestros universitarios, muchos migrantes campesinos; y desarrolló una extraordinaria política cultural.
Esta obra trascendental, la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (1985), fue imaginada, gestionada políticamente y concretada por Medardo Mora Solórzano, un liberal alfarista nacido en las entrañas del mundo campesino rural, graduado de Doctor en Jurisprudencia en Guayaquil.
En 2015 se habló de violencia en los predios, argumento forjado para manchar a la universidad, que, en medio del torbellino de Manabí, logró erigirse como isla de paz. Las intenciones eran claras, controlar el proceso electoral. En ese año 2015, cuando Medardo Mora cumplía sus últimos meses como rector, el Consejo de Educación Superior lo destituyó y la universidad fue tomada como botín tecnocrático y político. Hace poco la Justicia determinó la ilegalidad de la destitución y ordenó que Medardo Mora concluya su periodo como rector.
El régimen nunca entendió lo que significaba socialmente la universidad Eloy Alfaro para la agitada Manabí y para una ciudad puerto, como Manta, abocada a lo bueno y lo malo de la globalización capitalista. Hoy quedan apenas sombras de lo que fue la ULEAM como faro regional de educación superior, cultura y cohesión social de Manta.
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