Entender la guerra política
La mayoría de los ecuatorianos seguimos absortos los acontecimientos diarios relacionados con la descarnada lucha por el poder estatal. Pocas veces se ha desarrollado una trama con tanta densidad de actores y acontecimientos encajonados dentro de un solo libreto difundido por la mayoría de los medios, constituyendo un coro, sin disonantes ni segundas voces.
Basta con ver un solo canal de televisión para saber lo que dirán todos los demás, con ciertas excepciones. A fuerza de repetición el último capítulo del culebrón es voceado en las calles y reuniones, en las que el tema del día se reduce a un desahoguero de opiniones, sin que importe a nadie la búsqueda de la verdad compleja y el análisis, para identificar los intereses ocultos.
Para entender lo que pasa en Ecuador quizás sea útil distinguir los circuitos e intereses económicos históricos, por los cuales se enfrentan distintos grupos, que actúan enmascarados por actores y voceros. La lucha regional entre los poderosos de Guayaquil y Quito, en alianza con grupos provinciales, constituye un campo en constante tensión, que generalmente se aplaca temporalmente hasta que logran el control del Estado y el reparto de espacios de poder.
Otra mirada permitiría mirar forjas más específicas, por ejemplo, las que se dan entre los distintos bancos regionalizados por el control del espectro financiero; o la que refleja la tensión entre los banqueros aliados a comerciantes, quienes piden más libertad mercantil, en oposición a los industriales y sus demandas de protección.
También existen guerras ligadas a las viejas prácticas de corrupción estatal, que incluyen el contrabando, el tráfico de coimas y contratos con sobreprecios, incentivadas tanto por privados como por funcionarios públicos. Otro espacio de lucha se desenvuelve entre burócratas, quienes se enfrentan a diario por espacios de gestión, dentro de un sistema con pocas posibilidades para el segmento medio.
Todas las guerras circundan alrededor del Estado-empresario insertado en el mundo capitalista, que a su vez recibe la presión de las potencias internacionales, para que mediante deudas o importaciones, transfiera las ganancias logradas por la exportación de nuestras materias primas. En suma, los acontecimientos políticos que vemos a diario en los medios tal vez sean una caricatura o dramatización grotesca, apenas la primera piel de una guerra política movida por intereses económicos en juego. (O)
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