Deshonestidad y el dinero
Juanito, un niño de ocho años, regresa de la escuela con una nota de su maestra que dice: “Juanito le robó un lápiz a un compañero que se sienta junto a él”. El papá de Juanito se puso furioso y le dio una gran reprimenda haciéndole saber lo disgustado y frustrado que se sentía con su comportamiento. Le prohibió ver televisión y salir de casa, y por supuesto, le advirtió que le iría peor cuando su mamá llegue a casa.
Y para terminar concluyó: “De cualquier manera, si necesitabas un lápiz, por qué simplemente no me lo pediste y yo te hubiera traído docenas de lápices de mi trabajo”. Esta historia, que realmente es un chiste, sirve para reconocer la complejidad de la deshonestidad humana que es inherente a todos nosotros. Creemos que un chico que se roba un lápiz de su compañero merece un castigo, pero estamos muy dispuestos a tomar muchos lápices de la oficina donde trabajamos sin realmente preocuparnos por eso.
Esto nos sugiere la posibilidad de que cierto tipo de actividades pueden debilitar nuestros estándares morales y volvernos más deshonestos. Pongo el ejemplo de los que hemos sido estudiantes compartiendo habitación con otros universitarios. La refrigeradora era normalmente de uso común. Poníamos nuestras latas de gaseosas y el galón de leche para la semana. Generalmente alguien tomaba latas de cola y leche ajenas.
Sin embargo, de nuestro dinero y cheques, que descuidadamente los dejábamos encima de las mesas de trabajo y que para todos eran escasos bienes monetarios, nunca desaparecía ni un dólar ni un cheque. Esta experiencia podría sugerirnos que los seres humanos estamos muy dispuestos a robar aquello que no tenga explícitamente una referencia de valor monetario. Pero nos avergonzamos y evitamos robar directamente dinero.
Ahora que estamos en la época de regreso a la escuela en la Costa, es muy común que la gente tome papel, lápices y otros materiales de uso escolar de las oficinas; pero yo creo que no se atreverían a tomar dinero de la caja chica para comprar esos mismos útiles escolares. Parecería que la gente está más dispuesta a ser deshonesta en presencia de objetos no monetarios, como lápices y papel, que tomar dinero propiamente dicho. Y esto nos lleva a una gran preocupación, pues cada vez necesitamos menos efectivo monetario en nuestra sociedad, lo cual podría indicar una creciente oleada de deshonestidad por el uso de tarjetas de crédito y transacciones virtuales.
Y siguiendo este mismo enfoque, tenemos el tema de los funcionarios públicos que solicitan o aceptan comisiones y descuentos en contratos y compras, los cuales consideran que no son dinero en el sentido real, sino parte de un sistema de negociación. Es muy posible que rechacen una coima en dinero, pero están muy dispuestos a aceptar una comisión sobre un monto. Y les aseguro que estos burócratas sinceramente creen que son honestos. Tendremos que seguir analizando la deshonestidad y la corrupción para entenderla y erradicarla.
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