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El Telégrafo
Bernardo Sandoval Córdova

Ómicron: alerta a la inconciencia

02 de diciembre de 2021

La aparición de mutantes del virus SARS CoV 2, causante de la Covid 19, era un hecho previsible.  Es ampliamente conocido que los virus mutan, es decir, desarrollan cambios en sus componentes genéticos para producir proteínas diferentes en su estructura que los hacen más eficientes para penetrar las células del organismo al que atacan y, al mismo tiempo, se tornan menos vulnerables a los procesos inmunitarios sean éstos naturales o los promovidos por las vacunas. Mientras la circulación del virus sea alta porque la absoluta mayoría de la población mundial no está vacunada, la aparición de nuevas variantes continuará.  Esto significa que, probablemente, tendremos Covid 19 por años, con períodos de relativa quiescencia y otros de brotes epidémicos variables en número y en intensidad.  Los confinamientos serán una necesidad como ya lo están confirmando algunos países de Europa que están siendo víctimas de nuevos brotes intensos.  Los vaivenes de la economía, producto de las restricciones de movilidad, seguirán y el mundo no tendrá sosiego frente a esta terrible pandemia que no podemos someter. Unos dirán que es la incompetencia de los gobiernos que no consiguen vacunar a toda la población, otros analizarán que es por la abrumadora desigualdad entre naciones, que el virus prospera; otros observarán que la Organización Mundial de la Salud no tiene poder alguno más allá de los análisis y las recomendaciones.  Todos tienen elementos de razón, sin embargo, un componente importantísimo en el fracaso de controlar eficazmente a la pandemia está en la tozudez, torpeza, inconciencia de los que no se vacunan.  Mezcla de ignorancia, ineptitud y fanática militancia antivacunas.

La variante Ómicron es una alerta a la inconciencia, como en su momento fue la variante Delta. Ómicron no debe tener una connotación apocalíptica, pero indudablemente es motivo de preocupación. Esta variante ha mostrado tener decenas de mutaciones y treinta de ellas corresponden a los componentes proteicos de la espícula que es el dispositivo biológico que permite la penetración del virus a las células.  Ello supone mayor facilidad de contagio y, posiblemente, mayor gravedad en la enfermedad.  Así mismo, da lugar a la reflexión que, si las vacunas fueron creadas basadas en una configuración genética de los virus originales, uno nuevo que tiene múltiples mutaciones, podría evadir la inmunidad tornando ineficaces a las vacunas originales. Habrá tiempo de ver si estas preocupaciones se materializan, no obstante, el esfuerzo de la humanidad por vacunar a todos, es el más importante camino para contener este flagelo biológico. La gran paradoja es que ni siquiera el “primer mundo” ha logrado vacunar a su población y los países pobres en África están incubando estos virus mutantes que están haciendo temblar al planeta. Necesitamos un mundo más humano, mas solidario y, ciertamente, mas consciente.

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