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El Telégrafo
Juan J. Paz y Miño C.

Nuevo partidismo político

21 de marzo de 2016

Liberales y conservadores dominaron el escenario político del Ecuador durante el primer siglo republicano. La Revolución liberal (1895) colocó en el ostracismo histórico al conservadurismo, así como la Revolución juliana (1925) provocó la superación histórica del bipartidismo señalado.

Esa revolución favoreció el nacimiento de los partidos socialista (1926) y comunista (1931). Enseguida, el “velasquismo” y el cefepismo (CFP) inauguraron el “populismo” ecuatoriano; y hasta mediados del siglo XX aparecieron organizaciones como ARNE y el Movimiento Socialcristiano, ubicadas en la derecha.

Pero es en la década de los sesenta, hasta inicios de los setenta, cuando crece el multipartidismo: la izquierda se subdividió en varias fuerzas, que reivindicaron la pureza del marxismo y de la revolución; surgieron la democracia cristiana (DC, 1960) y la izquierda democrática (ID, 1970), que coparon el espacio del reformismo; en las derechas igualmente se ampliaron las opciones (CID, PNR).

Las dictaduras militares de los setenta impidieron el funcionamiento de los partidos, pero en 1979, con el proceso de retorno al orden constitucional, legalmente se inscribieron una veintena de partidos.

Entre 1979-2006 el multipartidismo continuó, pero hubo reestructuraciones, aunque se mantuvieron como fuerzas hegemónicas el derechista PSC (socialcristiano), los reformistas ID y DP (democristianos y conservadores ‘progresistas’), los izquierdistas MPD (de inspiración maoísta) y PSE (socialista), el ‘populista’ PRE, la empresa electoral Prian y una serie de organizaciones menores.

Algunas de esas fuerzas políticas lograron llegar a la Presidencia de la República, pero todas, sin excepción, actuaron en los congresos, consolidando a la ‘clase política’ que finalmente fue el soporte del Estado-de-partidos, un instrumento de reproducción de esa misma clase, que usufructuó el poder cada vez más apartada de los intereses ciudadanos.

Entre 1996-2006, la clase política y sus partidos se ‘derrumbaron’, y en el derrocamiento de Lucio Gutiérrez (2005) el grito ciudadano “¡que se vayan todos!”, fue la expresión de su agotamiento histórico. Eso explica el triunfo de la Revolución Ciudadana, que no ‘acabó’ con los partidos tradicionales (la ‘partidocracia’), sino que resultó una nueva alternativa histórica para el país.

Sobre la base de la superación del viejo partidismo político, a partir de 2007 se ha configurado, lentamente, un nuevo esquema partidista. Domina Alianza País, como partido de Gobierno. La izquierda tradicional (incluidos los viejos marxistas) literalmente se volvió una fuerza paralítica, que hasta hoy ha sido incapaz de generar alguna alternativa; al PSC se unió Madera de Guerrero, un reencauche de sus propias filas; pero la ‘nueva’ derecha se presenta en CREO y SUMA.

En la perspectiva de las elecciones del 2017, unas 138 organizaciones políticas se hallan habilitadas, aunque casi una veintena de ellas tiene carácter nacional (http://goo.gl/mQmbv8). La mayoría se identifica con una esperanza casi única: acabar con el ‘correísmo’. (O)

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