El reto del periodista “cronofóbico” es hacer todo rápido y bien

- 30 de diciembre de 2018 - 00:00

Los periodistas debemos hacer las cosas como si padeciéramos de la enfermedad a la que en la página web psicologiaymente.com la denomina “cronofobia”, según la cual es la persona que sabe cómo funciona el tiempo, que sabe que no se trata de un tema relativo, sabe que el tiempo se agota, que tiene fecha de caducidad.

Esto lo resalto a propósito de que termina el 2018 y tenemos otros 365 días de 2019 para hacer cada vez mejor las cosas. Y es que existe una clase de personas que experimentan un gran temor al paso del tiempo, algo que les genera un gran malestar, un trastorno de ansiedad, de angustia.

Esa fobia es la que recibe el nombre de “cronofobia”, pero que no debe aplicarse en los periodistas, porque el tiempo jamás escapa cuando se trata de hacer las cosas bien. Esa debe ser la única “experiencia traumática” a la que debemos vernos abocados.

Un “periodista cronofóbico” tiene que hacerlo todo antes de que sea demasiado tarde, pero con calidad. ¡Ese debe ser su único trastorno fóbico!

El profesional de la comunicación tiene que fijarse el reto de desarrollar un temor irracional a no quedarse estático, quieto, conforme, aturdido o resignado a hacer cosas a medidas, mal o simplemente a no mover un dedo por superar el producto que entrega al lector diariamente.

Los periodistas debemos hacer las cosas rápido y bien, para entregar un gran producto a los lectores, a sabiendas de que el tiempo se agota, que tiene fecha de caducidad...

Eso significa que el periodista debe estar siempre despierto, atento, si es posible “sufrir de insomnio”, pero con los ojos bien abiertos para ofrecer calidad y precisión en cada uno de sus trabajos.

Por ejemplo, debe ser de los primeros en llegar a una redacción y de los últimos en irse, hasta comprobar que su tarea “coquetea” con la excelencia, en donde el trabajo del presente y del futuro sea mejor que el anterior, partir cada día desde cero.

En breves palabras, que nada le sea suficiente para los comunicadores sociales en su objetivo de atrapar al lector (en el caso de EL TELÉGRAFO), que renazca cada vez y siempre para no ser nunca el mismo, que lo quiera todo y bien hecho, que sea la efigie del periodismo de calidad, que trate de alcanzar la madurez efectiva de su narrativa, que sea inagotable, que tenga buenas técnicas para contar los hechos.

En 2019, la meta de periodistas y editores debe ser codearse con la excelencia, para dejar atrás, en el presente y a futuro, la inmediatez e imprecisión de las redes sociales, sin temor a los cambios tecnológicos y a la velocidad con que nos mueve este mundo globalizado.

Nelson Silva Torres
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Defensor del Lector
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Defensoría de las Audiencias, artículo 73 de la Ley de Comunicación.

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