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El Telégrafo
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Una reelección como ninguna otra: Trump y la crisis democrática en Estados Unidos (II)

Una reelección como ninguna otra: Trump y la crisis democrática en Estados Unidos (II)
03 de noviembre de 2020 - 10:00 - Esteban Nicholls

El docente de la Universidad Andina, Esteban Nicholls, escribió un análisis sobre este tema. Según él, la llegada de Donald Trump al poder ha sido un verdadero shock al sistema democrático de ese país, cuyas instituciones democráticas dependen del adecuado funcionamiento de instituciones informales y simbolismos políticos.  

En esta segunda parte, Nicholls se refiere a las relaciones internacionales, al "trumpismo como un movimiento anti-intelectual y anti-ciencia y el coronavirus", y a la crisis del sistema político.

Las relaciones internacionales

Paul Krugman, en un reciente artículo en el New York Times, argumenta que Trump ha acabado con la Pax Americana. Más allá de si dicha paz es una realidad, es importante apuntar ciertos datos importantes de su política exterior. En primer lugar, como muchos otros líderes de corte populista, el primer Mandatario ha retomado al nacionalismo “independentista” como su forma de ejercer su política extranjera. 

Empezando por el retiro del acuerdo de París sobre el cambio climático, Estados Unidos bajo la tutela de Trump ha adoptado una forma nacionalista en un sistema anárquico (el sistema internacional de naciones se denomina anárquico por la carencia de un gobierno global), lo que ha provocado el desmoronamiento de un orden discernible a nivel global. Nos guste o no, Estados Unidos ha jugado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un papel central en el “orden” internacional, donde su hegemonía tenía un cierto rol estabilizador y daba peso a las pocas instituciones internacionales con algún nivel de injerencia en las decisiones de los Estados.

La política exterior ha estado dirigida bajo concepciones desinformadas de la propia realidad de los Estados Unidos: desde la crítica al acuerdo de París, que no tiene ningún mecanismo para hacer cumplir las reglas, hasta el acuerdo de Obama con Irán. Trump ha buscado convertir, sin una razón objetiva, a Irán en el enemigo número uno del país, y ha llevado al discurso político del riesgo lejos del alarmante aumento del poder nuclear ruso y de Corea del Norte hacia Irán. Es también importante anotar, que la política extranjera de corte nacionalista, es xenofóbica, basta ver el énfasis en la famosa pared en la frontera con México, que no fue construida y por la que ese país no pagó (hay cerca de 643, 738 km de muralla, la cual en su mayoría ya existía).  Así mismo Trump ha fomentado una política que menoscaba la institución internacional del asilo político, lo que ha llevado a una crisis humanitaria en la frontera sur.

La retórica trumpista se basa en la equivocada noción de que la entrada de la mayoría de migrantes ilegales y el tráfico de drogas están ligadas a la ausencia de una pared que separe a estos dos países.  En realidad, la gran mayoría de migrantes y narcotráfico utilizan a los puertos de entrada legales para ingresar al país.  La pared es un acto de teatro Estatal, como diría Geertz, que a nivel simbólico es evidentemente un saludo a la xenofobia y a la reafirmación del nacionalismo blanco en Estados Unidos.

Así mismo, en el tema del poder duro, la política exterior se ha basado en el apoyo irrestricto a Israel a expensas del pueblo palestino. Al mismo tiempo y rompiendo con toda lógica gubernamental en tanto a una estrategia coherente, Trump ha dejado de lado el serio problema de una confrontación nuclear, la cual, con razón Noam Chomsky señala como uno de los dos riesgos existenciales más importantes de nuestra época (junto al cambio climático). 

En otras palabras, se dejó el problema del riesgo nuclear a un segundo plano.  El resultado es que hay un alarmante aumento nuclear en Rusia y Corea del Norte.  Un segundo mandato de Trump podría poner en riesgo al planeta entero, o más bien a la especie humana.  Coincidiendo con Chomsky, una de las fuentes importantes y objetivas de amenaza a la supervivencia de nuestra especie es la nuclearización. 

El trumpismo como un movimiento anti-intelectual y anti-ciencia y el coronavirus

Las secuelas de la irreverencia trumpista a lo que él llama “globalismo” de la élites (siguiendo con el discurso nacionalista) está ligado con un factor también peligroso: el discurso anti-ciencia y anti-intelectualidad.  El globalismo, supondría, en la visión trumpista el reino de las élites costeras ubicadas en Nueva York y Los Ángeles (cosmopolitas y educadas) que Trump yuxtapone al verdadero espíritu de la nación blanca, tradicionalista y xenófoba.

El retiro del acuerdo de París es una pieza más en una gran estrategia ligada a la política irrestricta de apoyo a energías no renovables, y la puesta en duda de la veracidad del consenso científico alrededor del cambio climático, una duda transformada en un imaginario en el cual el “globalismo” y la ciencia son propiedades de las élites costeras quienes no representarían al “verdadero” estadounidense, que es rudo, trabajador, religioso, blanco y cuya ontología es ruralista y aislacionista.

Como si esto no fuera suficiente, el trumpismo es también un movimiento anti-intelectual. Durante la presidencia de Trump, el modo de existir de la ciencia, como diría el antropólogo francés Bruno Latour, no ha podido traducirse eficazmente al mundo de lo político, creando siempre incertidumbre importante en la confianza que uno puede depositar en los consensos científicos, lo que ha sido evidente durante la pandemia.  Así, el uso de la mascarilla y las medidas de salud pública han sido relativizadas y politizadas al punto que en la simbología política del país el uso (o no) del cubreboca representa el apoyo o rechazo tácito a Trump.

En febrero su yerno y consejero de la Casa Blanca, Jared Kushner, admitió al periodista Bob Wodward, por ejemplo, que Trump ha retomado a los Estados Unidos de las manos de los médicos: la política por sobre la ciencia; hizo una campaña de desprestigio a uno de los epidemiólogos más importantes del mundo el doctor Anthony Fauci.  Así, el trumpismo se ha convertido en un dogma de fe.  El primer Mandatario ha levantado las pasiones más oscuras en los estadounidenses, en particular aquellos que conforman su base social estable, su voto duro: blancos, poco educados y mayormente del sur y del rust belt.  Estos, junto con sus armas de fuego, estarán listos a defender el resultado de una elección disputada, de esto creo, no cabe duda.

 Fauci, quien se ha convertido en una suerte de celebridad en Estados Unidos, ha venido advirtiendo sobre el peligro de desoír a lo que la ciencia tiene que decir, particularmente con relación a covid-19.  Pero en la práctica Trump ha utilizado la estrategia de la inacción.  Es decir, estratégicamente desoír al cuerpo científico del país, no movilizar el aparato estatal para confrontar el virus y no optar por una estrategia coordinada de acción junto a los estados. Una inacción que ha sido utilizada para que Trump pueda de tanto en tanto culpar a los Estados demócratas por el trágico devenir que ha seguido la pandemia en ese país, para politizar el accionar de las políticas de salud pública provenientes del Center for Disease Control (CDC), para relativizar datos científicos poniendo en duda a través de teorías conspirativas la ciencia detrás del virus y para lavarse las manos de su responsabilidad como el presidente del país.

Estados Unidos tiene alrededor del 4% de la población global y el 25% de las muerte por covid-19. Aparte de India y América Latina (y tal vez España) nadie se le acerca a Estados Unidos el número de fallecimientos.  Hoy mismo, en pleno proceso electoral, la cifra de contagios aumenta, así como el de hospitalizaciones en la mayoría de estados.  Al momento de escribir este artículo, ni un solo Estado está experimentando un decrecimiento en contagios, según las estadísticas de la universidad John’s Hopkins. 

La crisis del sistema político

Es importante enfatizar la importancia que para las democracias maduras tienen las convenciones informales, los actos simbólicos y las formas de lo político.  Es común creer que la democracia equivale al respeto a las normas formales impresas en la ley y adoptadas bajo procedimientos plurales donde el voto es de fundamental importancia. Sin embargo, las instituciones formales en las democracias “maduras” son las informales y en esta elección estas van a importar mucho.  El modelo democrático de los Estados Unidos es elitista, creado en el siglo XVII, donde un colegio de electores, no electos, e independientemente del voto popular eligen al primer Mandatario.

En la mayoría de los casos el voto popular coincide con el de los colegios electorales, pero no siempre y no de manera obligatoria. Por tal motivo, Al Gore ganando el voto popular perdió la elección frente a George W. Bush, y de igual manera el actual mandatario ganó la Casa Blanca con 306 votos electorales (el número para ganar una elección es de 270), mientras que perdió el voto popular por aproximadamente tres millones de personas.  Hay una serie de convenciones y normas informales que definen las elecciones en Estados Unidos. 

Ni en su Constitución ni en su marco legal un candidato perdedor está obligado a aceptar los resultados de la elección; este puede rehusarse a conceder su derrota, llevando al país a una crisis constitucional y potencialmente a la violencia.  Esta es una de las más importantes razones por las cuales esta elección en particular es tan importante: allí está en juego el modelo democrático del país, y no solo a sus formas sino también a su sustancia, la cual está muy ligada al relevo pacífico del poder.

Dados los vacíos legales y constitucionales en el federalismo estadounidense, la elección depende del acto de concesión por parte de uno de los candidatos. En la ausencia de este acto (una tradición política, no un mandato legal) la elección se debe definir en otras instancias, particularmente en la cámara de representantes. Incluso el candidato que se rehúse a conceder la elección no está en la obligación de escuchar el mandato de la Corte Suprema, pues esto no está estipulado ni en la Constitución ni en la ley electoral del país. Técnicamente, la elección puede quedarse en un estado permanente de indefinición.

Dadas las amenazas de Trump de no conceder la elección aduciendo, falsamente, que el voto por correo es un mecanismo de fraude electoral, el riesgo de una crisis constitucional es inminente. 

Pero lo más preocupante es el peligro que corren los engranajes informales porque sostienen al sistema electoral y en definitiva el balance democrático del país. Esta campaña de desprestigio  sobre el proceso electoral que ha venido impulsado Trump, potencialmente, definiría el resultado de la elección en las calles. En vista del llamado a las armas que ha hecho el mandatario a las milicias de derecha (en el debate presidencial les solicitó mantenerse, en sus palabras, listos para actuar, “to stand by”). Así el enfrentamiento armado civil en los Estados Unidos pasaría del ámbito de lo inimaginable a lo probable.

Los Estados Unidos se encuentran en una crisis de polarización política en la que el primer Mandatario, de corte populista, ha menoscabado los dispositivos informales que sostienen la vida democrática del país.  Es importante anotar que para los latinoamericanos este tipo de acciones (la intención de continuar en el poder a costa del sistema) es común, pero para los Estados Unidos no lo es.  El sistema no está preparado para un líder autoritario que ha formado un culto a su personalidad.  Como diría el sociólogo Max Weber en el trumpismo se mezcla la autoridad legal-racional y la carismática.  Es evidente que en un país donde las normas informales y los rituales políticos son de mucha importancia, la autoridad carismática puede resultar muy peligrosa.

Estas son algunas de las crisis que están en juego en esta elección, que tiene serias consecuencias para Estados Unidos y el mundo.  A menos que Joe Biden gane por un margen muy amplio e incontestable, lo que puede venir es algo de proporciones que no se han visto desde la guerra civil.

 Lee aquí la primera parte

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