Lunes, 31 Octubre 2016 00:00 Historias electorales

Especial

La relación con la prensa tuvo momentos de crisis

El Primer Mandatario, quien había trabajado como reportero, no tenía inconvenientes en atender a la prensa.
El Primer Mandatario, quien había trabajado como reportero, no tenía inconvenientes en atender a la prensa. Foto: Archivo / El Telégrafo

La clausura de una radio en Guayaquil fue un punto de alta tensión entre un sector de la prensa y el Gobierno.

Redacción Política

Desde el retorno a la democracia, en 1979, casi todos los presidentes han protagonizado polémicas con los medios de comunicación y periodistas, o han tenido actitudes confrontativas que pusieron en riesgo la libertad de expresión.

Pese a ser un gobierno en el que se restablecieron muchos derechos ciudadanos, afectados por su antecesor, León Febres-Cordero, el régimen de Rodrigo Borja tampoco estuvo exento de cuestionamientos. Durante su administración, por ejemplo, fue clausurada la radio Sucre de Guayaquil.

El cierre se produjo el 15 de junio de 1990, porque, en una de sus emisiones, el dueño de la radio, Vicente Arroba Ditto (PSC), aseveró que el hermano del Primer Mandatario estaba relacionado con oscuras compras estatales. Como respuesta, el presidente Borja dio un plazo de 48 horas al radiodifusor para que presentara pruebas. Al no hacerlo, las frecuencias de radio Sucre -a escala nacional- fueron clausuradas y solo volvieron a operar dos años después.

Otro hecho que también empañó a su gobierno en su relación con la prensa nacional fue el asesinato, ocurrido en septiembre de 1989, del polémico periodista Víctor Francisco Jaime Orellana, popularmente conocido como ‘Pancho Jaime’, quien fue acribillado a balazos en pleno centro de Guayaquil mientras tomaba una gaseosa.

El comunicador era el responsable editorial de una revista en la que no se ponía límites para cuestionar, denunciar y reprochar a determinados políticos de derecha, a quienes se responsabilizó por ese crimen, que por cierto no fue aclarado y sigue siendo un misterio.

Borja comprendió el valor de los medios de comunicación en el escenario político que debió administrar. Incluso tuvo como cercanos colaboradores a varios periodistas, como su hermano, Francisco Borja, Gonzalo Ortiz (secretario presidencial), entre otros, quienes lo apoyaron para tratar de mantener la mejor relación del Gobierno con la prensa.

Al inicio de su gestión, los medios de comunicación de la Sierra le dieron más apoyo que los de la Costa. En general, todos favorecieron los planteamientos de Borja frente al mensaje de su principal opositor, Abdalá Bucaram.

Las buenas relaciones con los medios de comunicación del país, durante la administración socialdemócrata, fue sinuosa y duró poco. Posteriormente, casi todos se volvieron críticos luego de la adopción de medidas económicas por parte del gobierno.

El politólogo Santiago Basabe precisa que la administración de Borja no tuvo mayores incidentes o escándalos, lo cual se reflejó en la prensa nacional, sector con el cual mantuvo una relación cordial y de plena libertad de expresión.

Tras señalar que los medios de comunicación de esa época eran muy tradicionales y no tenían la tecnología y la rapidez de hoy para difundir noticias, explica que la población estaba muy limitada para conseguir información. “Nunca se violentaron las libertades y los derechos de los periodistas, ni la capacidad de expresión de los analistas y del público en general”. (I)

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EL HECHO RELEVANTE

La obra pública de Borja no fue grande, pero logró mejorar las condiciones de convivencia nacional

El 10 de agosto de 1992, el tono del discurso de despedida de Rodrigo Borja, como presidente de la República, fue algo sombrío. En su informe final a la nación -previamente a la entrega del mando a su sucesor, Sixto Durán-Ballén- el presidente saliente admitió que la obra pública, durante su gestión, no fue suficiente.

En todo caso, a pesar de la crisis, el legado del gobierno socialdemócrata tuvo repercusiones posteriores. A más de inaugurar algunas obras que quedaron inconclusas en el período anterior, su política económica permitió un modesto crecimiento. Se triplicaron las reservas internacionales, aumentaron las exportaciones del país y creció la inversión privada.

El Gobierno también expidió una serie de leyes importantes: de Régimen Tributario Interno, de Maquila, de Contrato a Tiempo Parcial y Zonas Francas, del Consumidor.

Hubo -además- varias reformas arancelarias; se transformó la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana (CEPE) en Petroecuador y el Estado ecuatoriano asumió el manejo directo del oleoducto, que hasta entonces estuvo operado por la transnacional estadounidense Texaco (hoy Chevron).

Destinó 964 mil millones de sucres para los sistemas de agua potable y alcantarillado. Entregó a Guayaquil la ampliación de la avenida 25 de Julio, la vía Perimetral, el relleno hidráulico mediante el dragado de 800 hectáreas. Construyó la red de poliductos de la Costa; hospitales, carreteras, viviendas, escuelas, puentes y la terminal marítima de Esmeraldas. También invirtió 2.300 millones de sucres en los nuevos centros penitenciarios.  

Atendió a 200.000 niños con desayuno escolar gratuito diario y a 130.000 niños del campo en nutrición; ejecutó una gran campaña de alfabetización; encaminó la paz con Perú; reinsertó a Ecuador en el contexto internacional; incorporó a la nación al Consejo de Seguridad de la ONU y ante la Aldhu.

En general, Borja Cevallos gobernó Ecuador en forma demócrata y republicana, con respeto a la oposición y a los derechos humanos. Asignó decenas de miles de hectáreas a los pueblos indígenas. Restableció la paz, la confianza, el respeto a los derechos ciudadanos y fortaleció el régimen político. (I)

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