En la emotiva final de Soy El Mejor VIP del 11 de septiembre, lo dijo el ahora campeón de ese reality, Arturo ‘Rayo’ Vizcarra: “Los artistas no son nada sin su público”. Talvez por ello la última emisión de Soy El Mejor VIP alcanzó el primer lugar entre las tendencias nacionales en Twitter y se mantuvo así por un tiempo, al igual que ETT4 fue tema de conversación, de los principales, el domingo en esa red social. Hay que decirlo, los realities de baile o talento, lo demuestra Bailando Por un Sueño en Argentina, buscan premiar al más querido por el público, no al que el jurado reconozca como mejor. Esa regla en Ecuador se ha roto con ETT3, Bailamos, Soy El Mejor (segunda temporada) y Soy El Mejor VIP, en este último porque ‘Rayo’ obtuvo tres estrellas de cada uno de tres jurados por su salsa choke. Quien quedó en segundo lugar en esa final, bastante larga por la cantidad de videos del recuerdo y la tensión que generaba la animadora, fue la bailarina Samantha Grey, segundo lugar de Soy El Mejor Segunda Temporada vencida por ‘Rayo’.
Samantha es el ejemplo de algo peculiar en realities de talento, admirada por el jurado y en la final de Soy El Mejor VIP demostró ser muy querida por el público que, votando por Instagram, le otorgó tres estrellas. Las estrellas de la audiencia no alcanzaron y se coronó campeón una vez más ‘Rayo’, quien ofreció la mitad de su premio de $ 10.000 a Samantha, y en su agradecimiento mencionó de corazón a Sharon, madre de su competidora. Lejos del show que resultaron los bailes finales de ‘Rayo’, Samantha y Jasú Montero, sí se notó un atropellamiento y atolondre por cerrar una temporada para ya iniciar la nueva, Soy El Mejor VIPS Vs Los Bakanes, el 14 de septiembre, mostrando una promo en la que solo sale la animadora y el resto de detalles era supuestamente secreto.
En otros temas relativos al público, El Justiciero de TC mi canal sorprendió al suyo con dos casos bien peculiares. El primero una pelea entre dos fans de Aladino y la visita del artista para encarar a sus seguidoras y cantar alguito. El segundo, el duelo entre un payaso joven y otro de experiencia por un cupo para viajar a Esmeraldas al torneo nacional El Zapatón de Oro. Ambos casos olvidables, porque estaban construidos más para exhibir la música de Aladino y el arte de los payasos.
El Justiciero tuvo un punto alto con un caso en el que acusaban de bullicioso del barrio a un joven con síndrome de Tourette, enfermedad poco conocida en el país. Aunque tal vez pudo dársele un mejor tratamiento a su presencia porque se notaba cómo le costaba mantenerse calmo bajo el estrés del caso y el show televisivo.
Una anotación, hay quejas de que el público ya no asiste a encuentros deportivos, y aunque no es culpa total de los canales algo tiene que ver la transmisión televisiva. Con narraciones dignas de la radio, reportería de cancha que no forma al público e imágenes que han mejorado pero aún no se comparan ni mínimamente a transmisiones internacionales, el público opta por solo los resultados y obviar las competencias. Los programas deportivos, 100 x Ciento fútbol a la cabeza, son mejor espectáculo que las transmisiones deportivas actuales. (O)