Ecuador / Miércoles, 04 Marzo 2026

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Reeditan y reivindican la obra de Zoila Ugarte de Landívar

Reeditan y reivindican la obra de Zoila Ugarte de Landívar

Foto: archivo web
Un libro reciente rescata, ordena y reivindica la obra de Zoila Ugarte de Landívar, pionera del periodismo ecuatoriano y figura clave del feminismo liberal. Hernán Rodríguez Castelo la coloca, sin rodeos, en el lugar que la historia le negó.
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Durante décadas, Zoila Ugarte de Landívar existió como mito oral, como nombre citado con respeto y leído con culpa.

Se la llamaba “fundamental”, pero casi nadie podía leerla completa. Esa anomalía histórica comienza a corregirse con Zoila Ugarte de Landívar, la escritora, libro firmado por Hernán Rodríguez Castelo y publicado en edición digital en septiembre de 2025 por la Academia Ecuatoriana de la Lengua. No es un homenaje. Es una rectificación.

La escritora que incomodó al poder y al canon

Zoila Ugarte escribió cuando escribir costaba cárcel, destierro y linchamiento público. Dirigió La Prensa en 1910, enfrentó al alfarismo radical, denunció dictaduras y defendió la libertad de imprenta con una prosa feroz, cargada de imágenes, ritmo y convicción política. Rodríguez Castelo no duda: la define como la mejor prosista ecuatoriana de fines del siglo XIX y comienzos del XX. No es una frase amable. Es una sentencia crítica.

Un prólogo que se convirtió en libro

El texto nace como prólogo y termina como ensayo monumental. Más de 200 páginas donde Rodríguez Castelo lee, contextualiza y analiza una obra dispersa en periódicos, revistas y folletos. El trabajo se apoya en la investigación exhaustiva de Myriam Landívar de Silvers, nieta de Zoila, quien recopiló y transcribió los textos originales. El resultado rompe una costumbre nacional: admirar sin leer.

Feminismo sin consignas y periodismo sin miedo

Zoila Ugarte no escribió panfletos. Construyó un feminismo argumentado, republicano y radical para su época. Defendió la alternabilidad del poder, denunció el militarismo y convirtió la imprenta en sujeto vivo, casi humano. Su prosa mezcla modernismo, crónica política y alegato civil. No pidió permiso. Tampoco buscó posteridad. El libro demuestra que el olvido no fue casual.

Una publicación que obliga a reescribir la historia literaria

El propio Rodríguez Castelo admite, de forma implícita, una deuda personal e intelectual. El canon ecuatoriano omitió a mujeres brillantes mientras repetía nombres masculinos hasta el cansancio. Este libro no corrige un error menor. Expone un sesgo estructural. Leer a Zoila Ugarte hoy no es un gesto cultural. Es una obligación crítica.

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