Adolfo Domínguez, el hombre que sedujo al mundo con su moda
Adolfo Domínguez creció en el taller de costura de sus padres. Quizá por esa razón al alcanzar la edad adulta se convenció que la forma en que vestimos es fiel reflejo de lo que somos.
El diseñador más prestigiado de España estuvo de visita en México para participar en Cancún Moda Nextel 2013, en donde deslumbró abrigando siluetas femeninas y masculinas con prendas de corte náutico y aire retro, además de compartir con la prensa parte de su trabajo y vivencias.
En sus años de juventud, la pasión por el arte y el cine llevaron al español lejos de la moda y su tierra natal, pero en la década de los 70 regresó para establecer su empresa textil homónima.
De aquel entonces a la fecha han pasado muchos años. En entrevista exclusiva con Terra, Adolfo Domínguez revela cómo logró mantenerse firme a pesar de la múltiples tempestades que azotan España.
Domínguez admite que resistir el embate de las denominadas ‘low cost’ (tiendas de bajo costo) no ha sido fácil, pero el éxito que hasta ahora ha obtenido se resume en una sencilla fórmula: “Tenacidad constante y trabajo duro. No todo el mundo que diseña emite un sonido especial. Nosotros, como marca, conseguimos emitir un sonido diferente y la gente lo percibe. Logramos conectarnos con las personas y transmitirles nuestra forma de ver las cosas”.
El modisto no se equivoca y no en vano su firma está presente en 43 países y es considerada un referente. Actualmente su legado está en manos de su hija Tiziana, quien se encargó de impregnar a la marca con iniciativas como la Política Medioambiental -el Manifiesto del Bienestar Animal de Adolfo Domínguez-, entre otros.
El español considera que su marca se caracteriza por poseer sencillez y poesía: “La sencillez por sí sola es aburrida, pero si le añades un poco de poesía eso es lo que nos define. Nuestro trabajo está dirigido a una inmensa minoría. Tenemos una clientela cultivada, yo no diría que la más rica, sino la que posee gran refinamiento estético”.
El oficio de seductor
Quien ha visto y tocado alguna vez una prenda de Adolfo Domínguez no puede quedar ajeno a su belleza. No se trata solo de tela armoniosamente unida, es -como él mismo dice- poesía entretejida y oculta en cada pliegue y palpable en cada textura que maneja.
Hay una frase con la que el español trabaja todos los días: “El alma modela hasta los huesos”. Cuando la reflexiona sabe que su trabajo no es sencillo y que está destinado al fracaso si no consigue uno de sus objetivos fundamentales: cautivar.
“Nuestro oficio es para seducir, para hacer a la gente guapa, hombres y mujeres, porque nacimos para que nos quieran y lo que deseamos es que nos amen. Lo que más nos seduce a los humanos es la belleza y yo realmente soy estiticista: intento hacer cosas que hagan guapas a las chicas y a los chicos”, afirmó.
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