La familia McMillan, de Canadá, de cuatro integrantes, decidió renunciar voluntariamente durante un año a las tecnologías y las comodidades con las que se puede vivir en 2013 para que sus hijos “aprecien más el contacto humano y menos los aparatos modernos”.
Es así que se mudaron a una vivienda ambientada en 1986. Se trata de un “experimento sociológico” con fecha de caducidad, abril de 2014.
En la casa no hay Internet, cable, computadoras ni celulares. Ahora viven con viejos VHS, radiocaseteras, teléfono de disco y si se quieren comunicar con alguien que se encuentra lejos le escriben una carta o le envían un paquete. Incluso redecoraron su casa para que parezca de esa década.
“Empecé el proyecto con la idea de hacer un documental o un libro para contar la experiencia, pero creo que es solo un proyecto para mi novia y nuestros hijos. Ambos estábamos sentados en el sofá, con nuestros teléfonos, conectados, sin hablar entre nosotros, así que creo que es una experiencia sobre la cual hay mucho que aprender, para sentirnos más unidos y reunir a la familia”, ha explicado Blair McMillan en una entrevista recogida en el diario estadounidense The Atlantic.
Blair y su novia Morgan (ambos de 27 años) tienen muy claro cuál es el principal objetivo del proyecto: “Criar a nuestros hijos exactamente del mismo modo en que fuimos criados, lo haremos durante un año y veremos qué pasa”.
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