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Mala feminista

Cuando otra mujer desacredita al feminismo en redes sociales, me duele, me enoja, y quiero ponerla en ridículo.
20 de diciembre de 2020 00:00
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Hace poco tiempo por un artículo que escribí en este mismo medio, una lectora tuvo el amable gesto de escribirme un mail donde analizaba el feminismo y mi texto, su pequeño mensaje finalizaba con ‘ojalá todas las feministas sean como tú’. Leí esa frase con terror. ¿Una feminista como yo?, yo que le tengo pavor a los pedestales he decidido escribir este artículo a modo de diario -con el riesgo que no lo publiquen- y nombrarme junto a Roxane Gay, y a otras mujeres militantes: una mala feminista.

No quiero excusarme de absolutamente nada detrás del 'mala feminista', quiero que esto sea más bien una invitación a quienes militamos en el feminismo a ser más compasivas con nosotras, pero también con las compañeras, sin que esto signifique quitar el debate y la crítica hacia lo que consideramos que no es parte de nuestra lucha.

Casi nunca acepto ir a paneles de feminismos. Algunas razones: jamás me siento del todo preparada, asumo que me faltan mil libros por leer, pero sobre todo porque creo que hay otras mujeres brillantes que deben ocupar ese espacio. Una vez me invitaron a hablar de la hermandad entre mujeres y me sentía una mentira. No acepté. ¿Hablar de sororidad frente a un grupo de chicas mientras por meses detesté a otra mujer, por una cosa absurdísima (un hombre)?. ¿Ir a sentarme en un panel, o aceptar una entrevista donde querían que hable desde mi posición feminista sobre las mujeres y la aprobación masculina, cuando yo por meses busqué esa aprobación del chico con el que salía y que nunca me dijo un cumplido por mis artículos? ¿O ir y aceptar con una sonrisa el cumplido de 'eres un ejemplo de feminista' cuando yo he sido también el más grande verdugo de otras mujeres a través de mis críticas? A veces siento que alguien va a descubrir la mala feminista que soy y no me quiero arriesgar, pero este texto es una confesión de ello.

El proceso de deconstrucción tan doloroso como maravilloso me ha ayudado a identificar el proceso del resto de mis amigas y compañeras. A unas nos cuesta más que a otras, y por diferentes razones. Me da terror imaginarme que para ser una buena feminista debo cumplir un checklist, pero me da más terror cuando soy yo la que se lo exige al resto. He hablado en otros artículos de los principios básicos del feminismo (anticlasista, antirracista y antihomófobo) pero no solo me conformo con eso, a veces quiero y necesito que las mujeres que estén en la política o las que admiro en redes sociales también sean las feministas perfectas, porque también quiero ponerlas en un pedestal. Y no pasa, porque no son perfectas.

Vivo mi feminismo con orgullo, sé lo que sé -académicamente hablando- consciente de que quizá solo signifique el 1% de lo que debería saber de los feminismos, intento tomar posturas y mantenerme, pero a veces no es tan fácil, y no quisiera que sea así porque parece que caigo en la tibieza que tanto le critico al resto. Con mis amigas, compañeras y conocidas en redes sociales intento tener debates y conversaciones llenas de sororidad, porque estar de acuerdo en todo es imposible. Con mis amigos que me preguntan con genuina sinceridad sobre algo que no entienden de mi posición o de la posición del movimiento también les explico con cariño, y porque quiero hacerlo. No soy la policía del feminismo, o por lo menos intento no serlo. A veces fallo, porque en mi búsqueda de ser una feminista decente, termino siendo un desastre, porque los procesos no son lineales.

Cuando otra mujer desacredita al feminismo en redes sociales, me duele, me enoja, y quiero ponerla en ridículo. Lo deseo en serio, pero eso sería darle canguil al patriarcado que esta ávido de repetirnos que somos enemigas. He optado por contestarles con alguna pregunta, o con algún razonamiento sin insultarla. Hace poco le escribí una carta abierta a Ximena Peña, la única candidata a Presidenta de la República, carta en la que mantengo cada cuestionamiento que le realicé, porque me vi reflejada en sus silencios. Y es que decirles que reacciono a cada comentario machista de mi entorno sería mentirles, a veces también callo. En esa carta, olvidé recordarle a Ximena que si durante estas elecciones ella sufre de violencia machista, yo voy a ser la primera en defenderla, porque intento que mi sororidad no sea selectiva. Y aquí, a veces, también saco cero.

Disculpen por hacer este artículo más personal que político, pero hay días en los que me da terror decir una cosa y hacer otra, y que todos y todas me señalen. Yo que no soy una figura política, ni pública siento presión porque si en una reunión me reconocen como ‘la feminista’, automáticamente soy ‘el ejemplo’ y automáticamente hacen un chiste o comentario bobo y quieren mi opinión y mi risa y no sé cómo reaccionar para hacer quedar bien a todas las feministas y me di cuenta que no puedo, ni debo responder por todas, porque el feminismo no es un molde.

Soy parte de un movimiento conformado por personas y las personas somos imperfectas. Lucho conmigo misma para ser mi mejor versión y ser coherente, pero a veces sencillamente no lo logro. Hoy solo quiero contarles que estoy haciendo lo mejor que puedo con la realidad que veo y con lo que creo, con lo que quiero defender a través de mis textos – y la responsabilidad que conlleva tener un espacio en un medio- y quiero compartir con quienes se dieron cuenta que este mundo de mierda es injusto con nosotras, con quienes quieren unirse a la lucha de ser feministas desde sus trincheras, con quienes cada semana me dicen algo lindo sobre mis textos y me da terror decepcionarlas, porque no soy ni de cerca el ejemplo de feminista que me gustaría ser, que aún me falta pero que estoy en ello. Lo prometo. (O)

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