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¿Qué es y qué implica el abuso narcisista?

Usualmente, la relación narcisista-empático, empieza con un despliegue de amor excesivo por parte del primero.
27 de diciembre de 2020 07:00
Manuel Cabrera
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El desorden de personalidad narcisista se caracteriza por un patrón general de grandiosidad (grandeza), necesidad de adulación y falta de empatía. Usualmente, y como consecuencia de esa falta de empatía y vacío permanente, buscan relacionarse con personas que sean empáticas y que constantemente los validen y además soporten los cambios y las ambivalencias que acarrea no tener emociones o no sentirlas. Debo aclarar que no soy psicóloga, pero en los últimos diez años me he educado en el tema por cuestiones personales.

La dinámica entre el empático (que también tiene un desorden de personalidad codependiente, que le empuja a buscar a querer “salvar” al narcisista) y el narcisista, se vuelve una relación tóxica, en donde el empático (“víctima”) dada su personalidad se ve incapacitada de terminar la relación. Progresivamente esta se transforma en un espacio de abuso.

Usualmente, la relación narcisista-empático, empieza con un despliegue de amor excesivo y exagerado por parte del primero. A esta etapa se le conoce como “lovebombing”, donde en el N apunta a crear un “falso yo” de perfección para “atrapar” a la víctima. Los psicólogos que estudian el fenómeno aseguran que en este momento, el “bombardeo de amor” que ejerce el narcisista produce en el codependiente una especie de adicción que hará que los maltratos en la etapa posterior sean irreconocibles, o que no pueda, a pesar de reconocerlos, salir de la relación.

Cuando el E se encuentra ya enganchado en la relación y empieza a demostrar sentimientos por el narcisista, empieza una segunda etapa en la relación tóxica, llamada “devaluación”. En esta, el narcisista se saca la máscara de perfección y empieza a agredir la psiquis de la víctima, con el fin de controlarla mediante el miedo, la humillación, y otras formas de violencia psicológica (a veces puede existir violencia física o sexual). Progresivamente, el N va agotando la resolución del E para defenderse o para buscar protección o ayuda. El N por su parte, se alimenta del sufrimiento de la víctima que usa para alimentar su falso ego. Progresivamente, las diversas formas de manipulación y agresión directa, pasiva y encubierta aseguran que la víctima permanezca en la relación y que incluso justifique o tolere esos maltratos. La etapa de devaluación puede durar pocas semanas, meses o incluso años. Su duración dependerá de si el narcisista ha encontrado o no otra fuente de sustento: una nueva víctima.

A consecuencia de la violencia psicológica sostenida y constante, la victima empieza a sufrir afectaciones graves: anorexia (si los ataques del N se referían a su apariencia física), ansiedad ( si el N le exigía perfección), ideas suicidas (por ejemplo cuando el narcisista le dice que “no vale nada”, o que “nadie le quiere), entre otros. Además, durante el proceso de devaluación el narcisista generalmente separa a la víctima de su círculo de apoyo, por lo que es común que a causa de éste se rompan relaciones con familia y amigos. La víctima se queda sola y ésta es una de las razones por las que es difícil dejar al N.

Otra cuestión interesante a tener en cuenta, es que de acuerdo a los psicólogos y personas que han estudiado el trastorno de personalidad narcisista y el abuso narcisista, éstos “eligen” a sus víctimas. Su sentido de grandiosidad les empuja a buscar a personas que tengan algo que les sea de interés: una carrera exitosa, dinero, fama, belleza, etc. Las víctimas del narcisista usualmente son personas que se destacan en algún ámbito, pero además, tienen una personalidad particularmente sensible a las necesidades del resto. Varios expertos aseguran que la mayoría de ocasiones, son mujeres exitosas o reconocidas en su ámbito quienes atraen la atención del narcisista.

Para cuando la etapa de devaluación termine, esta víctima, que inicialmente era fuerte, segura y exitosa, terminará viéndose a sí misma como inútil, no valiosa, no merecedora de amor. La relación tóxica, los constantes conflictos que genera el narcisista para llamar la atención, en algunos casos impactan incluso las carreras de las víctimas, quedando estas en una situación de dependencia económica además de la emocional. Muchas víctimas cuentan que en esta etapa de la relación sienten que se vuelven locas, debido a las absurdas exigencias del N, o a sus conductas totalmente fuera de la interacción normal entre adultos que, gracias a manipulación y miedo, el N les ha forzado a aceptar (infidelidad, golpes, indiferencia, etc). Cuando la víctima, emocionalmente destruida, empieza a reaccionar a esos maltratos (con reclamos, con llanto, con discusiones, e incluso con violencia física), el N usa esa reacción ( que en realidad es una forma inconsciente de autodefensa) para acusar a la víctima de que está loca. Esta forma intencional y maliciosa de distorcionarle la realidad a la víctima para seguirla controlando, es lo que se conoce como el “gaslighting”.

El período de devaluación termina con el descarte, que ocurre cuando el N se cansa de la víctima y la saca de su vida. Esto ocurre porque usualmente ya tienen otra “fuente de sustento narcisista”, es decir, una nueva víctima con quien iniciar el círculo de bombardeo-devaluación y descarte. En ciertas ocasiones, la víctima y el N pueden terminar la relación, pero mientras el N no consiga otra fuente de sustento, atraerá a la víctima nuevamente regresando por un tiempo breve a la etapa del “lovemombing”, donde juran cambiar, se portan respetuosos o cariñosos, dejan la infidelidad temporalmente, hasta “calmar” a la victima y jalarla nuevamente hacia la relación tóxica. Poco tiempo después , el círculo empezará de nuevo.

Cuando el N se cansa de su víctima- usualmente porque está psicológicamente destruida y ya no puede obtener nada de ella- ocurre el descarte. La víctima queda sumida en un estado de confusión, dolor y daño psicológico que puede tardar años en sanar. Sin embargo, usualmente las víctimas buscan ayuda para superar los efectos de la relación tóxica y en consecuencia sus tendencias codependientes, mientras que el narcisista difícilemente verá que tiene un problema, y solamente pasará de una relación a otra, con exactamente los mismos resultados.

¿Por qué el caso de Mateo Kingman puede ser calificado como tal?
La descripción que hace Ana Cristina de la relación encaja con lo dicho arriba: una persona que presenta una cara (el falso “yo”) frente al público, e inicialmente en la relación, cuando ya ha conseguido el afecto y la lealtad de la víctima empieza a devaluarla de diferentes formas. Ana Cristina hablaba de permanentes ataques a su físico, que decantó en que ella dejara de comer e incluso tuviera anemia. Otra forma de atentar contra la víctima es exponerla a situaciones peligrosas (drogas, alcohol, o en el caso de AC, a enfermedades de transmisión sexual). En este caso, la absoluta falta de empatía y el disfrute del sufrimiento de la víctima por parte del narcisista es palpable: tiene a su novia un año sumida en dolencias físicas que podrían fácilmente evitarse con tratamiento, no lo hace porque su forma de ejercer control sobre ella, es contagiándola contra su voluntad y mediante engaños. Suena perverso y hasta ridículo, pero así precisamente funciona la mente de estas personas.

Obviamente esta caracterización, para que sea oficial, la debe hacer un psicólogo, pero quienes hemos estudiado el fenómeno podemos reconocer fácilmente cuando estamos frente a una situación de abuso narcisista, aún si al principio, reconocer al narcisista no es fácil, porque usualmente está mostrando su “falso yo”.

¿Por qué recurrir al escrache feminista?

El escrache feminista es una necesidad desafortunada. Digo desafortunada, porque no debería existir. No debería ser necesario que las mujeres expongamos nuestras intimidades para que nos crean que fuimos víctima de abuso. No debería ser necesario revivir nuestros traumas y exponerlos ante miles de extraños para sacudir las conciencias de sociedades o gremios- como el de la música en este caso- que hasta entonces se han mostrado indiferentes, y al fin se deje de alcahuetear al victimario. Se recurre al escrache porque no existe sentido común: el sentido común es que un maltratador consuetudinario como MK sea excluido de los círculos sociales que frecuenta, que no se le de espacio y que no sea alabado, porque su fama está construida con la psiquis destruida de muchas mujeres. Pero como no podemos contar con la solidaridad y la empatía de quienes nos rodean, debemos hacer este ejercicio desesperado de exponernos. De otro modo, la gente finge demencia, bajo esta idea absurda de que “son problemas de pareja”. No, la violencia psicológica, sexual y de cualquier índole no es un tema privado. Es un tema público que debería generar rechazo sin necesidad de campañas, hashtags o publicaciones en redes.

Dicho esto, es importante recordar – a propósito de quienes sostenían aquello de la presunción de inocencia en el contexto de la discusión en redes de este caso- que la finalidad del escrache no es obtener una condena penal del victimario. Para eso existe la justicia ordinaria, que valga decir, tampoco sirve para atender a las victimas, y esta es una de las razones por las que, en lugar de denunciar al victimario, se hace campañas en redes. Porque todas las mujeres que hemos buscado ser protegidas por la justicia sabemos que esos espacios son otro lugar donde la violencia es normalizada y el victimario usualmente sale impune.

En realidad, los abusadores son protegidos por una sociedad que normaliza y hasta aplaude esas conductas. “Así son los hombres”, “debes ser más comprensiva”, “los trapos sucios se lavan en casa”, son lugares comunes cuando una víctima trata de contar su caso. Así, el escrache es una forma de reivindicación social, de forzar a la sociedad a escuchar la historia de la víctima que tantas veces ha sido ignorada bajo la premisa de “hay dos versiones de cada historia”, y que muchas veces son silenciadas porque como en este caso, el victimario es famoso y tiene muchos alcahuetes que pretender beneficiarse de esa fama.

¿Dentro del caso, qué delitos cometió Mateo Kingman y cuáles son sus penas?

La violencia sexual y psicológica está tipificada tanto en el Código Orgánico Integral Penal COIP y en la Ley Para Prevenir y Erradicar la Violencia contra la mujer, se estipula claramente en el artículo 10.c que es violencia sexual “(…)la transmisión intencional de infecciones de transmisión sexual (ITS)”. Asimismo, y acerca de la violencia psicológica, esa misma norma establece que ésta será “(…) cualquier acción, omisión o patrón de conducta dirigido a causar daño emocional, disminuir la autoestima, afectar la honra, provocar descrédito, menospreciar la dignidad personal, perturbar, degradar la identidad cultural, expresiones de identidad juvenil o controlar la conducta, el comportamiento, las creencias o las decisiones de una mujer, mediante la humillación, intimidación, encierros, aislamiento, tratamientos forzados o cualquier otro acto que afecte su estabilidad psicológica y emocional”. Las violencias contra la mujer además, se consideran delitos de acción pública, con lo cual no es necesario que ellas mismas denuncien, pues la Fiscalía puede – como ocurrió en este caso- iniciar investigaciones de oficio.

¿Qué opinas de las disculpas de Mateo Kingman? ¿Es una muestra clara de su narcisismo? ¿Cómo influye esto en el proceso legal?

No soy psicóloga, solo soy alguien que ha tenido que aprender a la fuerza de este desorden precisamente porque he tenido un par de relaciones de este tipo, y mi proceso de recuperación pasaba por informarme sobre cómo funciona el tema. Y sé, por experiencia y por toda la autoeducación que he tenido, que un narcisista no es capaz de sentir remordimiento; si así fuera no esperaría a un escrache público para regresar a ver al dolor de todas las mujeres cuya vida casi arruinó. El narcisista lo que busca es conservar su imagen pública intacta, y como sabe que esto puede impactar su carrera, está, creo yo, pretendiendo un arrepentimiento que no siente. Es una forma más de usar el dolor de las víctimas a su favor. En otros casos, el N pretende hacerse amigo de la victima, para asegurarse que ella no cuente su historia y le perjudique frente a terceros, pero esto no tiene nada que ver con un sentimiento de culpa o de arrepentimiento, sino, una vez más, con lo que al N le conviene ese momento. Espero estar equivocada, pero la forma en la que se hace esa disculpa para mí es textbook narcisista.

Fiscalía actuará de oficio, esto sin duda es un avance ¿pero cómo ves este caso dentro de la justicia ecuatoriana?

En lo que va del año hay más de una centena de femicidios, y de lo que se sabe, no hay mayores avances en ninguno. Esto para mí es un indicador de cuál será el resultado de este caso. Fiscalía actúa porque con varias colegas empezamos a exigir en redes que active la investigación de oficio, y estoy segura que sin este otro escrache no se hubieran dignado en atender el asunto. Esto, porque la violencia está normalizada, tanto así que mientras centenas de femicidios no avanzan en investigaciones, otros casos, donde por ejemplo están involucrados enemigos políticos del gobierno de turno, se resuelven en menos de un año. No confío en la justicia nacional.

La memoria de la gente es frágil ¿Qué hacer para no olvidar este episodio y crear conciencia sobre el mismo? Tomando en cuenta que no se habla mucho sobre el abuso narcisista.

Pocas mujeres en redes ya hemos empezado a ponerle nombre y apellido a este fenómeno. Para mí, ponerle un nombre a esta forma tan extraña de maltrato que había sufrido( y que se me reconozca como alguien que había salido de una relación de maltrato) fue fundamental para mi proceso de recuperación. No era un “divorcio cualquiera”, no era un “las relaciones se acaban”, no era algo normal. Educarme sobre el tema me permitió reconocer que habían cuestiones que yo tenía que trabajar para evitar ser señalada por un N, y a reconocer y alejarme a tiempo de estas personas, aunque aún no puedo evitar atraerlas. Los psicólogos tienen una deuda pendiente en este tema, que en EEUU y Europa ya es objeto de especializaciones y estudios muy específicos, porque en la medida de que no entiendan las particularidades del fenómeno Narcisista-Empático, poco podrán hacer para ayudar a la víctima a salir del círculo de abuso. Creo que más que recordar este caso puntual (creo que la víctima tiene derecho al olvido como forma de sanar), lo importante es dejar de normalizar conductas que en nuestra sociedad se toleran y hasta se aplauden: la humillación, el que las mujeres en pareja somos las “salvadoras”, el que el amor “ aguanta todo”…todas estas construcciones tóxicas hacen que las anormalidades de un N se vean como parte de una relación amorosa. Tenemos que dejar de idolatrar el amor romántico, ese donde el sentimiento hacia el otro se mide en cuánto una sufre por esa relación. Bajo esa óptica, el maltrato termina siendo una prueba de amor y no una situación de la que deberíamos, a la primera, escapar. (O)

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