Organizar a los peatones ¿una utopía?

- 03 de noviembre de 2018 - 00:00
El exceso de automotores y la poca educación de los peatones es una combinación peligrosa que genera cientos de eventos de tránsito en el país. Las autoridades trabajan para bajar las estadísticas.
Foto: César Muñoz / El Telégrafo

Quienes se movilizan a pie merecen la atención de la sociedad en su conjunto. Hay que desarrollar estrategias para garantizar la seguridad de quienes caminan.

Pensándolo bien todos los seres humanos tenemos la condición de caminantes. Desde que somos “homo sapiens”, aun antes, incluso cuando dejamos de ser nómadas y nos convertimos en sedentarios, ubicados en aldeas y luego en pueblos y ciudades, hombres y mujeres desarrollamos capacidades para caminar y disfrutar de esas andaduras.

Algunas versiones

El camino tiene versiones literarias, filosóficas y espirituales. El famoso poeta español Antonio Machado escribió: “Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar”.

Para la filosofía el camino es la senda por donde transita el ideal; el trayecto por el cual los sujetos nos dirigimos hacia una meta, o bien deambulamos sin un destino cierto. Y en la teología, Jesucristo se autodescribió como “el camino, la verdad y la vida”.

El mundo de ayer y hoy

Hasta mediados del siglo XX, todo el mundo se movía en semovientes –animales-, carretas y carruajes. Luego llegaron las bicicletas y motos y más tarde los vehículos a motor, con los cuales se revolucionó literalmente la sociedad.

Nacieron los transportes a vapor, más tarde a gasolina y diésel, que compitieron y triunfaron sobre los ferrocarriles. Y los caminos se convirtieron en carreteras y las carreteras en autopistas.

El mundo de ayer, tranquilo y sereno se transformó, en pocas décadas gracias a la industria automovilística, en un espacio ruidoso, contaminante y rápido.

Y aparecieron nuevas profesiones –de mecánicos y choferes- y negocios de lubricantes, partes automotrices, aseguradoras y vendedores de autos usados y nuevos. ¡El confort al estado puro!

Patología social

No obstante, el confort llevó a la humanidad a afrontar una enfermedad global: la denominada accidentología. Los datos sobre la incidencia de los percances de tránsito en la vida humana son escalofriantes.

La Organización Mundial de la Salud considera que todos los países del mundo están frente a una verdadera pandemia, hoy en día ya de escala universal.

La accidentología está calificada como enfermedad; es decir, como una patología, que merece un diagnóstico, un tratamiento y algunas estrategias multidisciplinares para su atención, que incumben no solamente a los conductores y peatones sino a todos los Estados.

Según esas informaciones, cada año mueren 1.3 millones de personas y causan lesiones a 50 millones, cifras superiores a la malaria. Los más afectados por esta tragedia son los menores de edad.

La falta de cumplimiento de las normas de tránsito de la sociedad, en su conjunto, son la causa principal para que se produzcan accidentes viales.La falta de cumplimiento de las normas de tránsito de la sociedad, en su conjunto, son la causa principal para que se produzcan accidentes viales. Foto: César Muñoz / El Telégrafo

Intervención interdisciplinaria

Han surgido estrategias para superar las causas de esta pandemia universal. ¿Por qué no intentar la organización de los peatones bajo una campaña “Peatones del mundo, uníos”?

Nunca estará de más organizar a la sociedad civil para atacar este mal. Los países establecen normas pero no se aplican, o se aplican en detrimento de los más débiles –los transeúntes-.

La educación preventiva y el papel de los medios de comunicación son importantes para frenar la irresponsabilidad, la imprudencia y los perjuicios en las personas y sus bienes.

Todos los mecanismos ejecutados –los corazones azules, experiencia muy positiva y emulada en algunos países, las campañas de educación vial, los llamados de atención, la disminución de puntos en las licencias de manejo, la aplicación del exSOAT (Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito)… han servido de algo, pero la racha de accidentes va en aumento. ¿Qué hacer para eliminar la imprudencia, que es la madre de la irresponsabilidad campante?

La intervención interdisciplinaria es útil: los pedagogos con sistemas de enseñanza y aprendizaje diferentes; los psicólogos con los mecanismos de comportamiento; los sociólogos y antropólogos con sus modelos de investigación e intervención sociales; los abogados, jueces y legisladores en el campo jurídico tanto sustantivo como adjetivo; los policías y los esquemas de seguridad vial; los médicos y sus tratamientos contra el estrés, la ansiedad, la neurosis y otras enfermedades de la cultura urbana. Y un solo proyecto integrado: ¡ciudadanizar las ciudades!

El desafío de ciudadanizar urbes

Aunque parezca paradójico, las ciudades han cedido ante el poder de los automotores. Sería interesante imaginar las comunidades en las que pensaron los españoles al fundar las villas a través de dameros, en contextos muy diferentes y donde la movilidad se realizaba a pie y sobre animales. Hoy, el centro histórico de Quito, por ejemplo, no resiste el paso de tanto vehículo liviano y pesado y los peatones somos marginados.

Los ciudadanos debemos rescatar el espacio público y actuar para defender el derecho a movilizarse en forma segura y oportuna.

La ciudad de Mendoza, en Argentina, es un ejemplo de nuevas estrategias para rescatar a la ciudad para los seres humanos y la naturaleza mediante sistemas de peatonización y árboles bien irrigados.

Otra alternativa es la ciclovía. Hay iniciativas valiosas en esa línea, pero falta una política educativa de movilización integral que humanice la ciudad, que devuelva el espacio a los ciudadanos y la movilización de los peatones esté garantizada. ¡Construir una sociedad educadora y saludable es urgente! (O)

Observaciones
Estadísticas de accidentes
Entre enero y abril de 2018, la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) registró 8.294 accidentes en las vías. De este número, Pichincha, Guayas y Esmeraldas son las provincias con el mayor número de siniestros registrados.

98 por ciento de los percances registrados son provocados por la impericia de las personas.

Cuenca pintó alas
El “ala de prevención” busca  comunicar a los actores de la movilidad; peatones, ciclistas y conductores de transporte público, los niveles de riesgo cuando se incumplen las normas de tránsito.

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