Una belleza natural que atrae a los turistas

- 03 de agosto de 2019 - 00:00
El Salto de Oro tiene una profundidad de 50 metros y una altura que oscila entre los 8 y 20 metros. La cascada brinda un singular panorama.
Foto cortesía: Aillys Morán

Ecuador está lleno de hermosos contrastes, fantasías y realidades. Uno de esos sitios que emanan magia está en el cantón Pedro Carbo, provincia del Guayas.

  Este cantón, ubicado a 63 kilómetros de Guayaquil, se encuentra en el vértice que une a las provincias de Guayas y Manabí. Pocas personas sospechan que esa localidad alberga un sitio muy turístico como es la cascada El Salto de Oro, ubicada en la parroquia Jerusalén. 

El trayecto para llegar al lugar es complicado. Pero vale la pena recorrerlo porque al paso se puede observar un  paisaje lleno de flores, árboles y un sinnúmero de insectos que se vuelven parte de la naturaleza. El viaje vale la pena porque implica adentrarse en esas tierras que no solo transmiten belleza natural sino también historia.

Al lugar acuden niños y  adultos para admirar el encanto que tiene la cascada. El agua cristalina no deja de ser el principal atractivo, también su fauna como: llamas, caballos, vacas, ardillas, caracoles, entre otros, los cuales engalanan el lugar dándole un toque especial.

El Salto de Oro muestra su belleza con la poderosa caída de sus aguas que chocan con el suelo rocoso. Se llama así porque está situada en la parte baja de un sendero natural, ambos sitios están rodeados por un bosque nativo.

El hermoso salto de agua tiene una altura que oscila entre los 8 y 20 metros.

Xavier Gómez, alcalde de Pedro Carbo, asegura que como Gobierno Municipal están habilitando las vías principales desde el casco urbano hasta el recinto Jerusalén, pero de forma provisional, porque existe un convenio con la Prefectura del Guayas.

Según el burgomaestre, ya se contempla explotar este lugar que tiene mucho por brindar a todas las personas que lo visitan.  “No lo hemos dejado a un lado”.

Durante la administración anterior se realizaron cursos de chef en Jerusalén, con el objetivo de enseñarles a los habitantes cómo manipular los alimentos y la preparación de platos típicos.

Letty Ponce, jefa de la Unidad de Turismo y desarrollo sostenible, cuenta que, según una  leyenda del lugar, hace varios años unos cazadores iban en busca de venados y uno de ellos vio a una bella dama que se bañaba en las aguas cristalinas con un mate de oro.

Impactado por la belleza de la mujer, él se le acercó, pero vio que ella tenía de la cintura para abajo una cola larga, como la de una sirena. (I) 

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