Saraguro conserva la ancestralidad

- 30 de julio de 2019 - 00:00

Juan Zhunaula, de 53 años, teje desde los 11. Labora en la comuna Ñamarín con su esposa Carmen Sarango.

En el cantón Saraguro (provincia de Loja), las expertas manos de los artesanos logran vistosas prendas de vestir e implementos de lana de oveja, además de las joyas y los característicos collares que usan las mujeres.

Por tradición los habitantes saraguros se dedican al tejido mediante el uso de la tecnología ancestral, aquella que servía en la época del Tahuantinsuyo, para elaborar vestimentas destinadas a las personalidades importantes del imperio.

Los indígenas de esta etnia mantienen esos saberes que heredaron de sus antepasados; uno de ellos es Juan Zhunaula, quien vive en la comunidad de Ñamarín.

Él se dedica al trabajo en el telar junto con su esposa Carmen Sarango, que además confecciona una variedad de bisutería como los tradicionales tendidos (collares), manillas, aretes y anillos, que identifican a las mujeres del poblado.

Las artesanas de esta localidad pasan horas concentradas en esta laboriosa tarea que exige de precisión y habilidad. Tejen los mullos (especie de collares) en sus hogares, después de las jornadas de trabajo o en sus tiempos libres.

Una mesa es el principal elemento en los improvisados talleres; sobre ellas impactan los coloridos mullos que se transforman en elegantes accesorios que las niñas y mujeres lucen en sus cuellos o en sus manos, como sello de distinción.

El trabajo artesanal
En su taller “Artesanías La Makana” Juan Zhunaula conserva los telares de pedal y de cintura que eran de propiedad de su padre y en los que día a día confecciona la ropa que visten los saraguros.

Elabora una variedad de prendas como la cushma (vestido de una sola pieza), el poncho, el zamarro, la bayeta   (tejido de lana y afelpada que cubre los hombros) e implementos como la alforja (especie de bolsa).

Zhunaula comenta que este oficio lo aprendió cuando tenía 11 años de edad y aunque ha visto variar el material con el que se confeccionan los trajes, aún subsisten los elementos culturales que datan de la época prehispánica.

Don Juan se dedica en su taller, exclusivamente, al tejido de las prendas mientras su esposa Carmen Sarango es quien se encarga del hilado de la lana de oveja.

“A donde voy llevo mi guango (lana de oveja antes de ser hilada) para estar trabajando”, señala la mujer originaria de ese poblado, donde se puede ver por sus estrechas calles a las féminas que caminan con el guango bajo el brazo.

Sin embargo, ya no es como se acostumbraba antaño, cuando las mujeres desde pequeñas tejían sus propios collares e hilaban para hacer la bayeta y el anaco. Esto se atribuye a los cambios en el estilo de vida de la población.

Parte de esos cambios, también son las innovaciones en los tejidos que aplican los artesanos, que actualmente confeccionan en los telares cubrecamas y fundas para almohada, cuyo costo asciende a $ 120 el juego.

Juan Zhunaula además comercializa las alforjas medianas a $ 10. Aunque asegura que el costo de los artículos depende de la complejidad de los diseños y de lo que pida el cliente.

Cuna de artesanos
Saraguro es uno de los cantones reconocidos por su creatividad artesanal; por lo general sus productos son para el autoconsumo interno de las familias.

Las personas que más trabajan en la elaboración de vestimentas son los indígenas, se trata de hombres y mujeres e incluso hasta los jóvenes.

Confeccionan todo tipo de artesanías como tejidos en lana de oveja y mullos, principalmente, los cuales son exhibidos para que la gente, sobre todo los turistas, observen y adquieran lo que ellos elaboran.

También se destaca la bisutería, como la variedad de collares, aretes y manillas, con diferentes diseños como flores, frutas, arco iris y otros objetos que por su aspecto multicolor llaman la atención de los visitantes.

Uno de los sitios donde se encuentra toda la variedad de artesanías está ubicado en los alrededores del Parque Central; en aquel sitio decenas de puestos exhiben las piezas decorativas, textiles y tejidos, además de los  ponchos, chales, gorros, bufandas, abrigos, blusas, entre otras prendas y accesorios.

También se comercializan objetos e instrumentos musicales, como cucharas de palo, vasijas de barro, mates, tambores, quenas, rondadores, en fin, una gama de objetos que identifican a la cultura de esta población. (I) 

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