El santoral afro se venera con altares caseros y fiestas

- 13 de junio de 2018 - 00:00
La Iglesia católica no está de acuerdo con que existan altares en el interior de las viviendas, pero todo es parte de una tradición de la cultura afroecuatoriana. Para los miembros afro cada santo tiene su personalidad y su carácter.
Foto: cortesía diario El Tiempo

La religiosidad afroecuatoriana es propia de este pueblo que rinde culto a santos católicos de una manera tal que le estaría restando autoridad a la Iglesia.

En el libro Religiosidad afroecuatoriana, cuya investigación fue hecha por John Antón Sánchez, del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC, se explica que el santoral está compuesto por santos, la Virgen y Jesucristo.

Los más reconocidos y antiguos son San Pedro, San Pablo, San Antonio, la Virgen del Carmen, la Virgen de Las Mercedes, el Divino Niño y Jesús de Nazaret. Y la particularidad está en que las familias afros tienen una devoción personal con los santos.

En el libro se detalla que celebran sus días con tambores, marimbas, con mucho baile y particularmente en las salas y los cuartos donde están los altares personalizados.

Un miembro del pueblo afroecuatoriano, Juan García, precisa que “el espacio de la casa es parte de la apropiación de la africanización del santoral”, haciendo referencia a esta práctica, mayormente, en el interior del hogar.

Lo más importante para el pueblo afro es “bajar el altar” porque “se pone al santo al nivel de la gente; un poquito más arriba. No es que el altar esté en el suelo; eso no se permite”, explica García. 

El experto en religiosidad afro también puntualiza que el altar tiene que estar en una esquina, en un rincón, a una cierta altura.   

“Cuando la gente mete el altar a su casa significa que desentroniza la Iglesia, por eso es que yo digo que no hay tanta cristiandad en la religiosidad afroecuatoriana porque, desde el momento en el que la mujer mete el altar a la casa y le pone cualquier cosa ahí, eso es una apropiación de esos espacios altos, elevados de la Iglesia tradicional”, manifiesta García.

En virtud de esto, Antón Sánchez concluye: “se podría decir, con cierta cautela, que lo que se hace en la práctica es humanizar a los santos para que funcione la relación con sus devotos. Es como una especie de matrimonio donde el amor y la fidelidad son importantes, pero no faltan las decepciones, los sacrificios y las peleas”.

Para los miembros del pueblo afroecuatoriano cada santo tiene su personalidad y su carácter particular y, en función de aquello, se establecen las estrategias de presión y de plegaria a cada uno.

Si bien no heredaron la religión africana como tal, Antón considera que desarrollaron un proceso de aculturización e inculturación, donde al tiempo que deconstruyeron su universo ancestral africano lo reconstruyeron, resignificando su cosmogonía africana en el mundo religioso católico. (I) 

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