Padres buscan la pareja ideal para descendientes en parques de China

- 02 de diciembre de 2018 - 00:00
Adultos concurren a estos sitios para analizar currículos de los postulantes para concertar un encuentro.
Foto: Jimmy Tapia / El Telégrafo

Es un parque típico de Pekín: árboles verdes, flores amarillas, adultos con niños correteando por doquier y personas que aprovechan el sitio natural para retratarse en puentes de concreto y frente a lagunas.

En la capital de China, estos sitios son extensos y con senderos donde es fácil perderse. En el Gigante Asiático existe una cultura de acudir a estos espacios los fines de semana. Tanto que en algunos, como el Yuyuantan, cobran $ 0,29 por entrar a recorrerlo.

Pero este parque, en cierta forma, no es como los demás. En esta área verde, donde trinan las aves, un grupo de mujeres y hombres, la mayoría con más de medio siglo de vida, esperan sentados o parados a la pareja “ideal”... para sus descendientes.

Progenitores, abuelos y otros familiares que están preocupados por la soltería de sus jóvenes acuden los fines de semana a esta área verde para apartarlos de la soledad.

Por eso llegan los sábados por la mañana y colocan en asientos y en el suelo, de forma ordenada, hojas de papel bond recubiertas con plásticos traslúcidos. Una o dos piedras evitan que el viento se las lleve y que se pierdan la oportunidad de ser observadas.

En las hojas constan nombres, edades, títulos académicos, números telefónicos y empresas donde laboran los postulantes a novios.

Pocos currículos incluyen fotografías; algunas lucen pequeñas imágenes pixeleadas o de colores grises.

Victoria, una delgada traductora, se acerca a los papeles con el fin de interpretar los caracteres chinos y entender lo que ofrecen.

Cuando la veinteañera llega a la banqueta, las adultas mayores la miran y le sonríen con picardía. Algunas, sigilosamente, se aproximan a la profesional y le susurran si desea conocer a sus chicos.

Victoria, de rostro blanco y piel tersa, les explica con suave voz que ella no busca pareja y que solo está allí en calidad de intérprete.

Ante la respuesta, las madres, un poco desilusionadas, la contemplan como si soñaran hallar a una nuera parecida.

El funcionamiento del sistema

El promedio de edad de los postulantes -según los currículos vitae- es de 27 a 37 años. Hay, en su mayoría, jóvenes profesionales que no sospechan de sus candidaturas en el Yuyuantan u otro parque donde rotan los encuentros.

Victoria explica que no todos los jóvenes utilizan ese recurso para hallar a alguien con quien compartir sus vidas. Solo es una manera más de hacerlo. “¿Es como conocer a la pareja por las redes de Tinder o por TanTan?”, se le consulta.

“No”, responde ella. “Es distinto. Para nosotros es importe conocer a la familia de tu pareja. Si no te agrada, es posible que el chico o chica no sea escogido (a). ¿En tu país (Ecuador) no existe esto?”, cuestiona.

Sin embargo, Victoria jamás aceptaría este método. Sus parientes -asegura- no se atreverían a pactarle un encuentro sin su consentimiento. “Ellos saben que me enojaría mucho”.

Aunque su tío -recuerda- conoció a su tía bajo esa modalidad. Sus parientes fueron a un parque y lo “postularon”. El resultado actual: hoy la pareja sigue casada y feliz.

Ese tipo de fortuna desea Johan, el único joven que se destaca entre la multitud de personas de la tercera edad que siguen durante la tarde en esta suerte de feria.

Él espera sentado en una banqueta, como hace dos años, a su posible futura novia.
Johan se alegra cuando ve a una joven latina, de piel canela, que se le aproxima. Es su oportunidad de “ligar”.

En las hojas constan años de nacimientos, estaturas, teléfonos, profesión y más detalles de los postulantes (foto).

Se levanta cual caballero y le extiende la mano, mientras la mira directo a los ojos. Pero ella, antes de que él diga algo, le confiesa que solo desea entrevistarlo, pues es una periodista latinoamericana.

Johan, que no habla español ni inglés, con la ayuda de la traductora le dice en mandarín: “Me gustan las extranjeras y las latinas”.

El hombre de 35 años, alto y con canas en las sienes, prefiere ir en persona a buscar pareja. Él, que tiene la piel tostada por el sol, confía en que su formación en el ejército y sus cursos de administración lo harán más atractivo que sus competidores.

¿Por qué no acudir a un bar o una discoteca a conocer chicas?

Johan -expresa- le tiene más “fe” a estos encuentros que se hacen face to face. “Es algo más directo”. El autopostulante -comenta- no se siente presionado de acudir a este lugar, pero cree que su mamá se sentiría feliz de verlo casado. “Ya estoy en una edad avanzada”.

De hecho -cuenta- cree que tendrá mayor fortuna que otro chico que desde hace 10 años acude a estos intentos. “Hoy no ha venido, pero es el que lleva más tiempo”.

Un repaso por las hojas evidencia que en esta tarde llegaron mayor cantidad de postulaciones de mujeres que hombres.
Victoria y otros jóvenes consultados coinciden en que los padres se preocupan un poco cuando llega la tercera década y se encuentran sin pareja.

Al parque también llegan personas que prefieren anonimato absoluto. La mamá de uno de los chicos postulados ordena la hoja de su hijo, un profesional que trabaja en Estados Unidos. Cuando observa que un fotógrafo retrata la escena profiere reclamos. “Esta es una actividad privada.

¡Comprende! ¡Privada!”, grita en inglés.

Otro mecanismo, usado por algunos, es enviar a personas que no son familiares, sino un intermediario para que se encargue de la búsqueda. Por eso, hay hombres mayores que tratan de convencer a los visitantes.

Así empieza a oscurecer y el viento sopla más fuerte.

Los adultos, para distraerse, conversan y sonríen como viejos conocidos.  No encontraron a nadie nuevo para sus descendientes, pero se encontrarán la próxima semana en otro parque y seguirán con la tertulia. (I)

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