“Venimos a este mundo para ser felices”

- 01 de julio de 2018 - 11:53
El sábado 30 de junio se realizó en Quito la marcha del Orgullo GLBTI.
Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

Johanna Acosta, de 33 años, asistió el sábado 30 de junio a la marcha del Orgullo GLBTI, que este año se denominó OrguYo 2018. En medio de esta fiesta colorida que recorrió el Centro Histórico de Quito, contó cómo conoció a su pareja y la lucha que debieron enfrentar para que finalmente sus familiares y amigos acepten su relación.

“Todos los años asisto a la marcha del Orgullo Glbti porque yo soy lesbiana. El pedido es el mismo: que el país tenga más tolerancia, que seamos más diversos y que nuestros derechos sigan creciendo como hasta ahora. Quiero que podamos conseguir un matrimonio igualitario.

Mi pareja es Vanessa Caza, tiene 27 años. Nosotras legalizamos nuestra unión de hecho hace tres años, pero somos pareja hace mucho tiempo. Nos conocemos desde que ella tenía 14 años y yo 19.

Ha sido una lucha constante para poder estar juntas, desde empezar la relación hasta que nuestras familias y amigos lo acepten.

La noticia fue dura a mis padres, les fue difícil aceptar que una hija tenga este tipo de tendencia. Vanessa cree que nuestros padres nos idealizan demasiado. Su mamá, por ejemplo, soñaba con que ella se case y tenga hijos. Aunque le cumplió uno de sus sueños, ella se casó de blanco en nuestro matrimonio. Hicimos una ceremonia simbólica.

Desde que tuve 5 años ya supe que me gustaban las mujeres. Primero tuve una lucha constante contra mi misma, de aceptarme una para que luego el resto me pueda aceptar.

Yo les dije a mis papás que me gustaban las chicas cuando tenía 20 años, pero ellos ya lo habían notado. Siempre llevé el cabello corto y nunca presenté un novio a la familia, mis papás solo estaban esperando que yo les cuente y nada más.

Primero conversé con mi mami, después con mi papá, él era bastante cerrado en estos temas. Incluso a él se lo dije cuando ya me iba a casar. Le dije que necesitaba que vaya. Al final lo aceptó.

En el caso de Vanessa fue un poco más difícil porque sus papás se dieron cuenta cuando empezamos a salir juntas cuando ella tenía 14 años. Cuando sus papás se enteraron le mandaron a Chile, nos separamos un buen tiempo. Pero cuando regresó volvimos a vernos y empezamos a salir otra vez. Cuanto tenía ella 22 años se sentó con sus mamá y le dijo que a ella realmente le gustan las chicas y que quería estar conmigo. Su mamá se había puesto súper triste, se puso a llorar, pero finalmente entendió que eso era lo que ella quería, que no se trataba de un capricho o de una moda.

Su papá nos entiende, nos respeta, aunque no comparte.

Empecé a tratar más con su madre y ella vio que yo amo, respeto y cuido a Vanessa, poco a poco aceptó lo nuestro. Lo mismo fue con sus hermanos, porque tiene cuatro hermanos mayores. Al principio me odiaban porque pensaban que yo fui la que la cambió. Pero después se dieron cuenta que las cosas no eran así.

Mis papás están tranquilos y me apoyan en todo. Se llevan con la familia de mis pareja, todos se llevan bien.

Tengo una hermana pequeña, ella igual me apoya al 100%.

Yo soy enfermera y en mi trabajo todos me ceptan, no tengo ningún problema de discriminación.

Amo a Vanessa, es una mujer muy madura, es una dama, siempre me apoya y me respalda en cada decisión que tomo y en todos mis sueños, para mi ella es el pilar más importante de mi vida.

El amor es tan grande que no lo puedes esconder en un closet. No puedes hacer una vida que para el resto puede ser perfecta, pero que para ti no. Los padres siempre tienen que apoyar a sus hijos. La lucha se hace más grande cuando los padres se oponen, si ellos apoyan los sueños se cumplen más rápido. Venimos a este mundo para ser felices”. (I)

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