Sororas

La era en la que el silencio dominaba a las mujeres finalizó

- 31 de marzo de 2019 - 00:00
Fotos: El Telégrafo

En la actualidad el movimiento femenino va en auge. A través de varios colectivos constituidos para respaldarlas, ellas se sacaron la mordaza impuesta por la sociedad para enfrentar la violencia y desigualdad.

En los últimos años el feminismo se convirtió en una corriente imparable que moviliza a las mujeres alrededor del mundo con una fuerza arrolladora.

Bastó que algunas salieran a contar en público lo que antes callaban, para que se prendiera una llama cuyo fuego se extendió por todas partes. Desde movimientos como Mee Too, Vivas nos queremos, Ni una menos, Times up, Mi primer acoso, se evidenció que la violencia de género es una situación transnacional, planetaria.

Salieron a contar sus historias una legión de mujeres cansadas de padecer en silencio las prácticas machistas de las sociedades patriarcales que siempre minimizaron la violencia y hasta la naturalizaron.

Esta enorme sensación de hartazgo y rabia compartida hizo que naciera la sororidad, que es la solidaridad entre mujeres en un contexto de discrimen.

Esta sororidad nos hizo arremeter bulliciosamente contra el patriarcado que pretende avergonzarnos y culpabilizar por la violencia machista que sufrimos día a día. Y que también nos quiere callar para que no lo denunciemos y busquemos justicia.

Cada vez más sororas, las mujeres estamos tomándonos todos los espacios posibles y hasta los más improbables. Este es otro espacio tomado por nosotras.

Si bien, en la actualidad hay más féminas que ingresan y culminan su formación académica de tercer nivel y se desempeñan como científicas, empresarias que ocupan cargos directivos, investigadoras, docentes universitarias, la desigualdad en cuanto a los salarios sigue latente.

Las mujeres, ejerciendo el mismo cargo, ganan el 20% menos que ellos. En esta edición cinco mujeres hablan, desde su experiencia personal, sobre cómo convergieron con el feminismo y se identificaron con él. Algunas se encontraron con ese movimiento social en su infancia, cuando se percataron que el trato entre niños y niñas no era igual.

Otras lo hicieron durante su formación como profesionales. Ahí también evidenciaron desigualdad, discriminación y prejuicios. Sin embargo, ninguno de estos obstáculos impidió que se formaran y hoy trabajen, desde su espacio, a favor de sus derechos.

La presencia y participación femenina está más viva que nunca. El patriarcado se va a caer. (I)

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