El conocimiento del maestro llega a los hospitales

- 13 de abril de 2019 - 00:00
Nelson Sánchez acude hasta el Hospital Los Ceibos para enseñar matemáticas a los pacientes que cursan desde primero de educación básica hasta bachillerato. El profesor utiliza un uniforme parecido al de los enfermeros.
Foto: Miguel Castro / EL TELÉGRAFO

Nelson Sánchez, Emilia Pérez y Nancy Pavón son docentes del sistema público que van hasta los sanatorios para dar clases a los menores internados por afecciones.

Nelson Sánchez tiene un mandil con dibujos de carros, tijeras, mapas y usa zapatos deportivos. Es el uniforme que utiliza  todos los días para dar clases en el Hospital Los Ceibos, en Guayaquil.   

En una amplia sala de tonos claros recibe a los alumnos. Algunos llegan con sueros en sus brazos y otros en sillas de ruedas.

Allí hay mesas, sillas y una pizarra acrílica en la que los estudiantes resuelven operaciones matemáticas con ayuda de sus compañeros.

Desde hace 21 meses Nelson es parte del programa “Aulas hospitalarias”, que impulsa el Ministerio de Educación (MinEduc) y que funciona en centros de salud del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y del Ministerio de Salud Pública (MSP). 

“¿Qué hace aquí?”, preguntaron los pacientes-estudiantes cuando por primera ocasión vieron a su maestro, pues desconocían que un pedagogo dictaba clases en las clínicas.   

Él recuerda que la primera vez estaba nervioso. No sabía qué hacer. Temía  transmitirles algún virus.

Pero con el tiempo aprendió a abordarlos con dinámicas, dibujos y lectura de cuentos. “En ocasiones leo erróneamente para que ellos me corrijan”. De esta manera, capta el interés y consigue que fluya la relación entre profesor y alumno y logra establecer una gran amistad. 

“Ahora ellos me piden: ‘vamos a la escuela’ o preguntan a qué hora los voy a ver. Todo lo contrario pasa en la escuela, donde los niños quieren salir corriendo”.

El éxito de un profesor es tener más paciencia y ponerse en la piel del menor de edad que está hospitalizado sin dejar de ser exigente (de acuerdo al caso).

Emilia Pérez,  de  38 años de edad, también da clases en Los Ceibos. Lleva un año en esta casa de salud.

Ella emplea canciones y adivinanzas para que el menor se integre a su clase.

Según la maestra, que antes trabajaba en la Coordinación de los Centros Integrales del Buen Vivir,  tratar con un niño enfermo es complicado. 

“Hacemos un arduo trabajo para que ellos no descuiden sus estudios. Hay alumnos que nos esperan con ansias. Mi recompensa es que anhelan ir al aula”.

El año pasado -recuerda- atendió a una adolescente que se quiso suicidar porque se había quedado supletorio en 10 materias.

“Le aconsejé que la vida era muy bonita para perderla así. El MinEduc te da muchas oportunidades. Pero como la trasladaron a otro hospital no la volví a ver más”.

Nancy Pavón, de 37 años,  cumplirá dentro de poco tres años como profesora en el Hospital General del Guasmo, del Ministerio de Salud Pública (MSP).

Su primera clase fue en una habitación. Dos niños no podían levantarse porque tenían fracturas que impedían sus movilizaciones.

Pavón, que tiene ya una década en el magisterio, asegura que la actividad se ha convertido en una terapia  que los ayuda a recuperarse rápidamente.

 “Ellos se olvidan de su dolor y dejan de pensar en cuándo saldrán del hospital. Algunos llegaron con dolores en sus brazos, pero después de pintar y jugar dejaron de sentir dolor  y comenzaron a compartir con otros niños”.

Cuando los alumnos conocen del programa la buscan en las mañanas y en la madrugada para que les enseñe.

Las madres de los niños confirman y resaltan su trabajo. Para María Moncayo esto impide que los niños se aíslen en el cuarto y caigan en depresión. “Es un buen programa porque hace que se reduzca su ansiedad por salir del lugar. Se debería implementar en todos los hospitales, inclusive en privados”.

Su hija Jaretd, de 7 años, fue operada de apendicitis. Ella es la más inquieta del grupo. Durante clases en Los Ceibos desarrolló la multiplicación que le dejó de tarea.

Actualmente, hay 108 docentes permanentes, según el Ministerio de Educación. 

Homenaje al maestro
El Ministerio de Educación organizó un homenaje por el Día del Maestro en el colegio Vicente Rocafuerte de Guayaquil.

En el evento entregó un reconocimiento a nueve profesores: Pieralina Rivadeneira, Nelson Loor, Eduardo Asinc, Marcos Vinueza, Nilfo Pincay, Nancy Pavón, María del Pilar Álvarez, Bertha Zambrano y Luis Jungnikel.

 Pincay, de 64 años, recibió un premio por su trayectoria de dos décadas.

Hace 19 años trabaja con los niños de séptimo año de básica en la zona conocida como Cerritos de los Morreños (Guayas).

Él volvería a elegir ser profesor si retrocediera en el tiempo, pese a que sufrió un asalto por parte de piratas cuando viajaba en lancha hasta el plantel, lo que casi hunde la embarcación.

Durante el agasajo fue destacada la labor de los profesores de aulas-hospitales.

Además Emilia Pérez dio el discurso de bienvenida, y Nancy recibió una de las medallas por su vocación.

Éricka Lainez, subsecretaria de Educación  de la zona 8, asegura que ellos brindan  cariño a los chicos que tienen dificultades. “También cubren una necesidad de padres angustiados”. En los últimos dos años, 15.000 estudiantes recibieron clases en las aulas hospitalarias del país. (I) 

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