La rana Romeo busca un amor para ‘perpetuarse’

- 14 de febrero de 2018 - 00:00
La especie acuática actualmente se encuentra en el Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny de Cochabamba (Bolivia).
Foto: AFP

La Telmatobius yuracare, endémica de Bolivia, lleva una década, sin reproducirse, porque no hay otra especie de su clase. Solo le quedan 15 años.

Han pasado 10 años desde que Romeo, una rana acuática de Sehuencas, busca pareja para preservar su especie. Sus musicales llamados no han sido atendidos porque todo hace pensar que es el último ejemplar de esta especie endémica de Bolivia.

Romeo busca pareja desesperadamente. Con una edad indeterminada y una esperanza de vida que los biólogos calculan que puede rondar los 15 años, ya no le queda mucho tiempo, si se tiene en cuenta que lleva una década en un acuario del Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny de Cochabamba.

“Cuando los biólogos colectaron a Romeo, hace 10 años, sabíamos que la rana de agua de Sehuencas, así como otros anfibios de Bolivia, estaba en problemas, pero no teníamos idea de que no volveríamos a encontrar ni un solo individuo de la especie en todo este tiempo”, explica Arturo Muñoz, quien es fundador de la Iniciativa Anfibios de Bolivia.

Esta especie acuática, la Telmatobius yuracare habita en los arroyos de bosques nublados de la ciudad de Cochabamba y Santa Cruz y solo sale a tierra cuando llueve, detalla Muñoz.

En el acuario gigante que se le construyó en el museo de Cochabamba, en un gran contenedor de mercancías, Romeo empezó a llamar en busca de una pareja poco después de llegar allí, pero las llamadas  disminuyeron en los últimos años.

Comparado con otras ranas de su género, Muñoz dice que Romeo tiene un llamado de apareamiento especialmente musical, y que ha ayudado a enseñar a biólogos sobre la historia natural de las ranas acuáticas de Sehuencas a través de los años.

Es un anfibio tímido, que suele esconderse bajo las rocas. Solo sale cuando los cuidadores le sirven sus platos preferidos: gusanos de tierra, isópodos y caracoles.

“Nosotros no queremos que pierda la esperanza de encontrar pareja y multiplicarse”, indica Muñoz.

Y los investigadores tampoco. Por eso, la Iniciativa Anfibios de Bolivia espera encontrar a otros de su especie “para establecer un programa de reproducción”.

Y si no hubiera forma de conseguirle pareja, Muñoz no descarta acudir a la clonación para salvar a este anfibio particularmente amenazado por el cambio climático, la pérdida de hábitat, la introducción de predadores como la trucha en los ríos y, sobre todo, el hongo quitridio (Batrachochytrium dendrobatidis) culpable de otras extinciones a nivel mundial.

Según el investigador, en Ecuador la especie Telmatobius ya se considera extinta y en Perú no se la volvió a ver desde 2001.
Campaña por San Valentín para que no se quede ‘solitario’.

Por eso, qué mejor que el día de San Valentín para lanzar una campaña de recaudación de fondos a fin de enviar expediciones a los arroyos situados a 2.000-3.000 metros de altura de los bosques nublados de los Andes orientales para tratar de buscar alguna superviviente o algún renacuajo para que a Romeo no le suceda como al Solitario George, la tortuga gigante de Galápagos que con su muerte puso fin a su especie.

Con la colaboración del Global Wildlife Conservation y el mayor lugar de encuentros por internet, Match, la Iniciativa Anfibios de Bolivia espera recaudar, (desde el 9 de febrero hasta este 14 de febrero) día de los enamorados, $ 15.000.

La idea es buscar en lugares donde en otros tiempos era común, en sitios con hábitats similares o en zonas donde los biólogos anteriormente no tuvieron oportunidad de buscar.

El equipo también realizará pruebas en el agua de los riachuelos y ríos, en lugares clave, en busca de trazas de ADN de las ranas, buscando confirmación de que siguen ahí, aunque los miembros del equipo no las vean directamente en las expediciones.

Y es que al paso de los años de Romeo se suma el proyecto del Gobierno boliviano de construir una represa en una zona boscosa, donde la rana acuática de Sehuencas fue alguna vez tan común que se convirtió en su homónima: Sehuencas. (I)

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