La falta de experiencia bloquea a los jóvenes

- 18 de febrero de 2018 - 00:00

Es un pequeño ejército que vive en la casa familiar y que no puede independizarse ni trazar su propio futuro. Para ellos hay pocos espacios en el mercado laboral. En el caso de los indígenas la situación es peor, dijo Pedro Cango, subsecretario de Educación Intercultural Bilingüe, por la discriminación. Los expertos en el tema proponen fortalecer los colegios técnicos, que es una de las apuestas del gobierno de Lenín Moreno durante este cuatrienio..

Ni estudian ni trabajan. Esa es la realidad de uno de cada cinco jóvenes en Ecuador. A ellos los llaman los “ninis” y su futuro no es nada luminoso.

Hay 300.000 graduados de bachiller que no van a la universidad porque hay 80.000 cupos. Además muchos no pasaron el examen de ingreso, aunque lo intentaron más de una vez. Pero esto no significa que no tengan aptitudes. El problema es que el nivel educativo en las provincias y en las zonas rurales es diferente al de las grandes ciudades.

Estos jóvenes no trabajan porque no tienen oportunidades para insertarse en el mundo laboral. Y no es verdad que sean “vagos”.

Los “ninis” locales viven abrumados por el peso social  de no estudiar ni trabajar. Carlos López, quiteño, de 27 años, se graduó de bachiller hace cinco años, en el Colegio Mejía. Era presidente del Consejo Estudiantil e intentó cuatro veces cursar la carrera de Leyes en la Universidad Central, pero fracasó. “No me rindo”, dijo.

Sin embargo, un detalle le marcó la vida. López es uno de los 53 estudiantes del Mejía que se unieron a las protestas del 18 de septiembre  de 2014,  en contra de una supuesta alza de pasajes que nunca ocurrió.

Ellos pasaron 10 días en prisión acusados de dañar bienes ajenos: la luz de un semáforo, un patrullero, dos veredas, vidrios de viviendas y paralizar el transporte.

 “A raíz del acontecimiento hice esfuerzos por estudiar y pasar las pruebas pero no he podido”, dijo.

Sus padres son separados.  Vive con su mamá y tiene dos hermanos casados. Ha buscado trabajo y ha dejado carpetas con su currículum en supermercados, locales de ropa en centros comerciales, pero nadie lo ha llamado.

Por eso, decidió convertirse en DJ. Mezcla reguetón y música electrónica en las fiestas. Gana entre $ 100 y $ 200 mensuales. Aun así no pierde la esperanza de estudiar y de graduarse de abogado.

La Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE) asegura que hay 500.000 bachilleres que no lograron un cupo en ninguna universidad ecuatoriana. Andrés Quishpe, presidente del gremio, explicó a este Diario que el porcentaje de los “ninis” está entre el 20% y 24% de jóvenes”.

Según él, la mayoría de bachilleres seleccionan carreras ya saturadas en el mercado ocupacional: medicina, ingeniería, leyes, odontología, enfermería, ciencias administrativas y educación.

Tampoco todos los jóvenes quieren seguir carreras de tercer nivel, sino intermedias para ayudar a sus familias. “Las alternativas son el acceso a la universidad,  recuperar el bachillerato técnico, abrir las extensiones universitarias y cambiar el modelo educativo que es un fracaso”, señaló. 

Estefanía Pérez es otra “nini”, vive con su madre porque su esposo está en España. Tiene 27 años y dejó de estudiar a los 15. Quedó embarazada a los 17 y a los 21.

En ese tiempo se dedicó a la maternidad por completo, pero después retomó el bachillerato y se graduó en  2017. Desde entonces, ha dado un examen de ingreso a la universidad, pero no pasó. 

Tampoco le ha ido muy bien en la búsqueda de trabajo. Ha dejado su hoja de vida en KFC, Buestán y otras empresas.

Rosana Palacios, líder de la antigua Unión Nacional de Educadores (UNE), la situación de los “ninis” es lamentable. “Deben reabrirse los institutos tecnológicos superiores y a la par eliminar el Bachillerato General Unificado para ir a un bachillerato que garantice formación de acuerdo a la necesidad de la educación superior”.

Ella dijo que es necesario volver al libre ingreso a la universidad, a la autonomía universitaria y a la libertad de cátedra. “Hay que garantizar el empleo juvenil y que las pasantías sean parte de la experiencia laboral”, subrayó a este Diario.

Justamente el Gobierno impulsa una política para fortalecer los institutos técnicos y construir otros.

Álex Saransig nació en Quito hace 33 años. Tiene un empleo precario, es decir, sin ninguna remuneración fija ni prestación social. Apoya en proyectos y gana entre $ 50 y $ 100.

Estudió cuatro años en la Facultad de Psicología de la Universidad Central, pero nunca ha trabajado en su carrera. El principal problema es que le piden entre uno y tres años de experiencia. Algo incompresible, según él, porque si nadie lo emplea cómo puede tener experiencia. “Apliqué a seis empresas, a escuelas y colegios. Y estuve en tres concursos de méritos y oposición. Fui a la entrevista, pero me di cuenta  de que hay ‘padrinos’. Se ayudan entre ellos. De 300 postulantes, solo pasamos 25 y de ellos apenas 21 fueron contratados”, subrayó.

El subsecretario de Educación Intercultural Bilingüe, Pedro Cango, dice que la mayoría de “ninis” son mujeres. Eso conlleva a discriminación de género. “Es preocupante y refleja que existe falta de oportunidades y que genera conflictos en el pasaje de la adultez y frente al futuro”.

Advirtió que la situación de los jóvenes indígenas es peor porque acceden menos a la educación y al mercado laboral. “Eso puede hacer que caigan en la vida fácil de la delincuencia y drogas”. (I)  

Detalles

Reducción de tributos

La propuesta de la FEUE  es que las empresas privadas y las públicas creen empleos para los jóvenes. A cambio de eso, el Estado les exonerará de pagar los tributos, dijo Andrés Quishpe, presidente  de esa organización.

20 millones de jóvenes en el mundo están en situación crítica, según el Banco Mundial.

Migración campo ciudad

Los jóvenes dejan sus tierras, no pueden dedicarse a la agricultura sin agua.

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