Kathy es un ejemplo para alcanzar cada meta trazada

- 03 de diciembre de 2019 - 00:00
Katherine Pico, con 46 años, dio un giro total a su vida. Tras el diagnóstico de cáncer y la amputación de su pie encontró en el deporte su felicidad.
Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

Hace 10 años la vida cambió por completo para Katherine Pico. A los 36 años le diagnosticaron sarcoma (cáncer) en su pie izquierdo. Recuerda que tras finalizar el colegio sintió una leve molestia en el pie, pero ningún galeno le encontró alteración alguna.

Solo cuando visitó por primera vez un oncólogo, él le indicó, sin ningún examen, que lo suyo era cáncer. Aún con la esperanza de que el diagnóstico sea equivocado, completó las evaluaciones pertinentes que ratificaron el dictamen médico inicial.

Así comenzó sus quimioterapias y tras un año decidieron intensificarlas para descartar que la malignidad toque otros órganos. El tratamiento dio resultado, pero ella, aún con el temor de que pueda presentarse la enfermedad nuevamente, decidió que le amputaran su miembro inferior.

“Fue una decisión dolorosa, que la medité mucho y hoy sé que fue la mejor”. Lloró intensamente la noche anterior a la cirugía, pero a partir de ahí decidió que no valía la pena seguir sufriendo por algo que ya no tenía remedio. Con esa determinación se replanteó su horizonte y descubrió que no había disfrutado de la vida. “Descubrí que si al día siguiente me moría, no había disfrutado la vida”.

Entendió que una de sus grandes metas era acercarse a la naturaleza y disfrutarla a plenitud. Ahí descubrió que su pasión era  correr y escalar montañas. Para lograrlo, se reafirmó en que la discapacidad que adquiría no sería un obstáculo. Conoció a David Krupa, un afamado protesista norteamericano, integrante de la fundación Roap, que ayuda con prótesis a las personas con discapacidad de escasos recursos económicos.

Así se integró al grupo de escaladores amputados e inició su travesía. Kathy cuenta que al principio fue doloroso acoplarse al mecanismo de movilidad para poder subir las montañas por lo que le recomendaron un deportólogo que le ayudó a entender que el pie que requería para esa misión era distinto al que usaba a diario.

Con esfuerzo y mucho trabajo lo pudo cambiar. A diario cumplió jornadas de entrenamiento matutino que le permitieron alcanzar en 2018 sus primeros sueños: completó la maratón en Chicago con un registro de algo más de 6 horas. “El tiempo cronometrado era lo de menos”.

Nueve días atrás llegó a la cima del Cotopaxi, situación que no se había presentado antes. “Me sentía muy satisfecha de haber logrado ambos anhelos”.

Desde su amputación hasta hoy mantiene una intensa preparación física guiada por el deportólogo Mario Ochoa. Recalca que nada ha sido fácil en su vida y con nostalgia evoca que cuando tenía 6 años perdió a su progenitora. A tan corta edad ya sabía que su profesión sería la de contadora, como su madre.

Poco tiempo después los problemas médicos también afectaron a su padre, por lo que ella prácticamente creció sola. “Nada en mi vida ha sido fácil” se repite para sí, y eso le permite reafirmar su fortaleza para transmitir mensajes motivadores.

Su anhelo mayor es trabajar para que las personas con discapacidad tengan acceso a tecnologías como son las prótesis que les acercan a desarrollar una vida lo más normal posible. “Perder una parte del cuerpo no es el fin. Es un nuevo comienzo de vida”. (I)

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