Jeanine y Eva: Poniendo a prueba la sororidad

16 de agosto de 2020 - 00:00
Jeannine Añez y Eva Copa, dos mujeres que lideran la política boliviana desde su propio bando.

En los últimos meses he reflexionado profundamente sobre el tema de mujeres en política. Sobre todo en mi país, Bolivia, que está sumergido en un modus operandi violentamente machista. Como toda Latinoamerica. Bolivia, como Ecuador, es un país donde el machismo en política está presente en boca y acciones de hombres y mujeres de alto rango, pero también es un país donde las mujeres además tienen que sufrirlo.

Después de la crisis política de octubre y noviembre de 2019, el país fue tierra de nadie, pero pasó algo que no tenía precedentes: tres de los cuatro poderes del Estado estaban a cargo de mujeres: Jeanine Áñez en el ejecutivo, Eva Copa en el Legislativo y María Cristina Díaz en el Judicial. Si bien esta última ha sido separada de su cargo, hoy tenemos a Áñez como presidenta y Copa que, siendo la presidenta de la Cámara de Senadores, es la segunda autoridad de nuestro país, ya que no contamos con vicepresidente. Ambas de partidos completamente contrarios (Jeanine del conservador JUNTOS y Eva del MAS, partido del ex presidente Evo Morales), partidos que siguen alimentando la extrema polarización política que se vive en el país.

Son las dos mujeres más poderosas de Bolivia y ambas han caído en la guerra sucia de sus partidos. Áñez asumió la presidencia el 12 de noviembre de 2019 y no tomó ni dos días para que en las redes sociales se “filtre” un video sexual de ella. Y a Eva le “filtraron” un video de iguales características meses después, en julio de 2020.

Nunca me puse a averiguar si los videos eran falsos, ni tampoco los vi, pese a que siguen rondando en las redes. Simplemente: Si son reales, pues… bien por ellas, significa que tienen vida sexual… como el resto de los mortales. Si son falsos, entonces son venganzas políticas hechas por el partido de una contra el partido de la otra.

Creo que este tema se debe analizar en dos dimensiones. La primera es ¿por qué se hizo esto? En una cultura global y machista (aunque a veces intenta no serlo) hay dos calificativos que abundan para las mujeres: “loca” y “puta”. Ahora, al no haber logrado estampar la calidad de locura a ninguna de las mandatarias, se fueron por la más fácil: PUTA. Porque, en un mundo donde se busca el puritanismo de las mujeres para clasificarlas en su función materna o de incubadora, hacerla puta es de lo más sencillo. Es fácil mover masas de comentarios y manifestaciones desde la consigna que la enemiga es puta. Cristina Kirchner fue loca cuando tuvo un hematoma en el cráneo y Michelle Obama fue puta cuando se puso un vestido sin mangas. Y aquí, en Bolivia, hay un concurso entre machos machotes que decidieron que las máximas autoridades serían putas y “tenían las imágenes para probarlo”. Porque ellas, al estar muy arriba en el rango de poder, atraen ataques bajos. Por lo tanto, los y las machos de los partidos fueron por la salida fácil: SON PUTAS.

La otra dimensión es la reacción ante los escándalos. Jeanine lo aguantó bastante estoicamente, alguna vez dijo “no soy yo”, y siguió con lo suyo, mientras que los del partido contrario no la bajaron de estrella porno. Cuando le tocó a Eva Copa, ella habló con muchos medios y pidió al Estado dar con los responsables. Se debatió mucho sobre el tema en redes sociales y en organismos nacionales e internacionales, mientras que los del partido contrario no la bajaron de estrella porno.

Debo confesar que a veces me meto en Twitter o Facebook solo para ver los comentarios. Para ver qué es lo que opina la gente totalmente ajena a mi círculo. Y hay una idea que se repetía bastante desde las filas oficialistas: “¿Por qué no dijeron nada cuando a la Presidenta le hicieron lo mismo?” Creo que esta pregunta, si se la hace con la intención correcta, tiene mucho sentido. Claro que muchos y muchas, al hacer esta pregunta, estaban cayendo en una falacia brutal: “Si se lo hicieron a la Presidenta de la República, no se quejen si se lo hacen a la Presidenta del Senado”. Ok, esto no sirve, lo único que hace es profundizar la polarización de “bandos” en el país.

Lo que sí cabe preguntarse es, ¿por qué no hubo solidaridad y críticas cuando le pasó esto a la Presidenta? Sí, tal vez estábamos pensando en otra cosa, acabábamos de salir de una crisis muy dura, o puede ser que, como ella lo tomó de manera estoica, el resto también. Pero se me ocurren razones más terribles: la primera es por un tema de lealtades partidarias en ambas partes: “Mi partido/bando hace una canallada horrible, pero es mi partido, así que me callo.” Y si es así, ¿se habrá utilizado el horror que le hicieron a Eva Copa como estrategia partidaria? ¿Es solidarizarse con una mujer una manera de atacar al otro partido? ¿Estamos sobreprotegiendo a Copa por alguna razón que desconozco? ¿O es que “simplemente no me gusta la política de Áñez, entonces no digo nada”?

Todo esto me hizo pensar que muchas veces, la solidaridad con y entre mujeres, sean quienes sean, se sesga por nuestra inclinación política. Y lamento pensar que la lucha por las mujeres y la denuncia de los males sucede solamente cuando la consigna política lo permite. Y lloro, porque me pregunto qué tan real es la lucha por las mujeres.

En varios discursos vi que se aclamaba “no es apoyar políticamente por el solo hecho de ser mujeres”. Sí, estoy de acuerdo, pero tampoco se trata de pisotearlas por el solo hecho de serlo. Tanto Áñez como Copa son dos mujeres que me han decepcionado profundamente en lo político. Y a ellas y a sus partidos les reclamo, critico y cuestiono diariamente. Pero en esta ocasión, a ambas, les doy todo mi apoyo. Porque eso es sororidad: apoyarlas ante la infamia, pese a que no comparto ideales políticos con ellas. (I)

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