El Jardín Alado enseña el papel de las aves rapaces

- 07 de septiembre de 2018 - 00:00
Los espectadores que acuden a este sitio natural pueden tener en sus manos a las lechuzas. La especie de antifaz que poseen y sus pequeñas plumas sensitivas les permiten cazar en silencio, guiadas tan solo por su oído.
Foto: Miguel Jiménez / EL TELÉGRAFO

Este espacio en el valle de Tumbaco educa y concientiza a las personas sobre la importancia de estas especies en el ecosistema y la necesidad de no tenerlas de mascotas.

Las aves rapaces hoy están más cerca de la gente que incluso las puede tocar y disfrutar de su esplendor en un espacio cálido y natural,  adecuado para que los animales rescatados no estén enjaulados y algunos consigan reinsertarse a su hábitat.

En el Jardín Alado ubicado en el valle de Tumbaco, noreste de Quito, 31 aves con algún inconveniente físico son parte del lugar y cada día salen de sus dormideros para realizar pequeños vuelos de demostración que cautivan a los visitantes.

Animales como un halcón, que presenta fractura en su ala, se encuentran al ambiente, pero sujetos por una cadena, ya que pueden agredirse con otros del lugar.

Los visitantes de este pequeño zoo pueden conocer de cerca a varias aves rapaces rescatadas de manos humanas.

“Hay que recordar que los animales rapaces son depredadores y esa mentalidad de cazar no se les ha quitado (pese a estar en cautiverio) y si tienen la oportunidad van a comerse entre ellos”, afirmó Paúl Tufiño, integrante del Centro de Rescate en donde trabajan ocho personas.

La idea de este espacio es concienciar a las personas del papel que desempeñan estos animales en el ecosistema y desterrar mitos como que bebiendo la sangre del gallinazo negro se van a curar del cáncer. Eso no es así, este animal está lleno de bacterias que no le hacen daño a él, pero sí a las personas.

“Erróneamente consideramos a los gallinazos como animales malos, pero son vitales porque limpian parte de la basura que los seres humanos generamos”.

La hora del vuelo matutino
Todos los días, a las 11:30, el español Jacobo Oquero, entrenador de los animales, sirve de guía para la presentación de las aves en medio del Jardín. En el lugar hay bancas para que los espectadores observen el vuelo.

Con música de fondo, gavilanes, lechuzas, búhos, curiquingues, entre otros, ingresan presurosos por el ruedo y elevan el vuelo.

Obedecen con rapidez  los sonidos que emite Jacobo para atraer su atención y exhibirlos.

Les entrega comida que saca de su bolso y brinda una explicación detallada de cada uno, también cuenta cómo llegó cada ave. Algunos como  “Chola”, el polluelo capturado de pequeño en Cuenca, creen que los humanos son su especie y no les tienen miedo, al contrario reclaman alimento.

Aunque hay la posibilidad de que el viento los lleve a otros espacios, esto no es frecuente y si ocurre siempre regresan al lugar en donde tienen casa y comida. Además poseen un rastreador.

Las aves rapaces hembras suelen ser más grandes que los machos, como es el caso del águila pechinegra que incuba y protege el nido y puede comer gatos y perros.

La lechuza se caracteriza por volar silenciosamente  gracias a las plumas sensitivas que tiene en la especie de antifaz, que cubre su rostro de caza guiada por su oído.

El ornitólogo Juan Manuel Carrión menciona que este espacio servirá de educación a la población.

Comida exclusiva
Las aves no se alimentan con la carne que se encuentra en mercados o carnicerías. Lo hacen de especies traídas desde los criaderos, en donde crecen pequeños ratones, pollos o codornices que son los productos más parecidos a lo que originalmente comen en la naturaleza.

“Hay granjas exclusivas que dotan de pollos pequeños y de otro tipo de animales, pero siempre libre de sustancias que ya tiene la carne que sirve de alimento humano”.

En este espacio también se puede conocer a las mariposas, sus tipos e importancia, así como el papel de los insectos en la polinización de las plantas. (I)  

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