El uso del condón femenino aún es un tabú en el país

02 de julio de 2013 00:00

En el país, el uso del preservativo femenino no es habitual, peor aún intentar comprar uno. “No, no tenemos. No vendemos, ni me lo han presentado”, dice un farmacéutico con un poco de humor. Esta es una respuesta común, ya que hay desconocimiento con respecto al tema, según varias autoridades.

“Vivimos en una sociedad en la que el preservativo masculino es más conocido o difundido, pero el de mujer no”, indica Carla Pazmiño, vocera del tema de la Estrategia Nacional Intersectorial de Planificación  Familiar y Prevención del Embarazo en Adolescentes (Enipla) que promueve el Ministerio de Salud Pública (MSP).

Por ello, para contrarrestar las barreras de acceso a los preservativos, desde abril del año pasado Enipla instaló, en las diferentes unidades del MSP, 2.100 dispensadores de condones, de los cuales 81 son   exclusivos para uso femenino.

Pazmiño expresa que estos fueron ubicados en sitios estratégicos que brindan atención integral en salud sexual y reproductiva.

Por ejemplo, en Guayas se los encuentra en el Hospital Básico de Daule, en el Hospital de Milagro, mientras que en Guayaquil:  en el Área 7 del Centro de Salud Nº 4 (1 y 2), Centro de atención de salud sexual y en la Maternidad Marianita de Jesús del Sur, ubicada en la 27 y Rosendo Áviles.

De la última, la ginecóloga Zenovia Vargas dice que  un promedio de 20 personas a diario pregunta por los preservativos. “Aquí se les explica el uso correcto que deben tener. Las personas, la mayoría, que llegan me preguntan si pueden llevarse unos tres porque su esposo no quiere usarlos”, dice.

No obstante, para Sonia Ocaña, directora del Centro Médico de Orientación y Planificación Familiar (Cemoplaf) en Guayaquil pese a que el MSP los entrega de forma gratuita, en el mercado tiene un costo de 9 dólares, pocas mujeres los usan.

Dice que cuando llegan al centro y se les explica que el preservativo femenino las protege de enfermedades de transmisión sexual, del VIH y de un embarazo no planificado, suelen decir que les resulta molestoso o incómodo, creen que les va a doler y que prefieren que su novio o el esposo los usen. Ellas prefieren utilizar un método anticonceptivo hormonal (pastillas, inyecciones) antes que el preservativo femenino.

Ante esta situación Pazmiño dice que “el problema es que el condón femenino es distinto al de los hombres, ya que es más grande y puede generar temor en como se introduce. Por eso si no existe conocimiento  para su buen uso por parte del personal médico, en vez de ayudar puede generar rechazo”.

Seguridad y autonomía, parte de los objetivos

Para la directora del Cemoplaf, el preservativo femenino tiene mayor ventaja de protección sobre el del varón. “Es elaborado por un mismo laboratorio, por lo que solo hay un tipo, su poca demanda lo hace único. Mientras que el que usa el hombre tiene varios precios desde el caro hasta el más barato que llega a ser de mala calidad”.

El material con el que se elabora el condón femenino es plástico sintético -poliuretano- y el del varón es de látex. Pazmiño, en cambio, asegura que al usar el condón las mujeres tienen todo el control y la autonomía de su cuerpo al momento de prevenir un embarazo o enfermedad de transmisión sexual.

Según cuenta, en el año 2007 se realizó una investigación sobre el condón femenino y la percepción de las usuarias de los servicios de salud. “El 62% de ellas indicó que si tenía acceso a los condones femeninos lo haría. Sin embargo en esa época el Estado no proveía de estos porque eran costosos”, señala.

Tres años después un nuevo estudio sobre la promoción y acceso de los condones se realizó. “Allí se llegó a  la conclusión de que si se capacita a las mujeres podrían acceder a este producto”, relata.

Todo esto hizo que la Ley de Maternidad Gratuita viera la posibilidad de comprarlos, que se hizo efectivo desde el año pasado.

A pesar de ello, Ocaña y Pazmiño concuerdan que su uso no ha sido tan difundido. La misma situación ocurre en los colectivos guayaquileños de lesbianas.

Diane Rodríguez, presidenta de la Asociación de Gays, Lesbianas, Transexuales, Bissexuales e Intersexuales (GLBTI) Silueta X, indica que en lo que va del año han recibido cerca de 200 condones femeninos por parte del MSP.

“De ellos en siete meses ya quedan 10 condones a diferencia de los condones de varones que dan de 14.000, de los cuales quedan pocos. No es habitual que los usen. Se creía que a través de las relaciones lésbicas no se corría riesgo de adquirir una enfermedad venérea, sin embargo los estudios médicos han revelado que no es así”.

Según la activista, en la organización también hay mujeres bisexuales, por lo que resulta beneficioso que usen el condón y se cambie esa concepción de que solo los  hombres se protegen. “Es interesante que las mujeres bisexuales, lesbianas y heterosexuales tengan el poder de decidir sobre la protección de su  cuerpo”, dice.

Hace 15 años, un grupo de científicos presentó estos nuevos productos al mundo como una alternativa para   protegerse de enfermedades venéreas sin tener que depender de la aceptación o consentimiento de sus parejas.

PROCESO PARA REUTILIZACIÓN

Según un informe difundido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) existe un protocolo para la reutilización de los condones femeninos. Dicho protocolo habla sobre la protección personal, a su pareja, a la persona que va a lavar el dispositivo después de su uso y a quienes puedan entrar en contacto con él. Sin embargo, la organización mantiene su criterio de que el preservativo masculino o femenino debe ser utilizado por cada relación sexual.

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