Punto de vista

El día de la humanidad

09 de marzo de 2016 00:00

Vaya... El día internacional de la humanidad no existe. Búsquenlo…Se celebra el Día Internacional de la Mujer. Y se equivocan los que piensan que este día es para acordarse de las mujeres, de lo que somos, de lo que representamos, los sueños que nos mueven con ilusión o los motivos por los que alzamos nuestras voces.

Porque por mucho que las mujeres defendamos nuestros derechos y nuestras libertades, nuestro hueco en la sociedad no es otro que el que nos corresponde... El no conseguirlo en los términos en los que se espera, independientemente del país en el que vivamos o la religión a la que adoremos, no se equivoquen, no es un fracaso femenino, sino un fracaso de la humanidad. “Dediquemos una financiación sólida, una valiente labor de promoción y una férrea voluntad política a alcanzar la igualdad de género en todo el mundo. No hay ninguna otra mayor inversión en nuestro futuro común”, dice Ban Ki-moon, el secretario General de Naciones Unidas. Y, quizás, no podremos estar más de acuerdo.

Pero qué bonito sería hablar de todo lo que ganamos todos empleando términos más humanos, más humildes y más igualitarios. Si seguimos empleando este día para reivindicar lo que reivindicamos cada día avanzaremos poco, menos aún si no empezamos a anteponer el valor de la igualad desde la escuela. No se equivoquen, esta no es la queja de siempre de unas cuantas feministas. Para avanzar necesitamos algo más que ruido momentáneo, necesitamos voluntad. Voluntad no solo por parte de las mujeres, sino de toda la humanidad. Y a veces es necesario escribir palabras como estas para “mover el piso” porque “escribir es siempre protestar, aunque sea de uno mismo”, como dijo Ana María Matute.

Y Miguel Forcat Luque la animaría y seguramente le diría: sí Ana, protestemos, porque “luchar en defensa de los derechos de las mujeres es luchar por los derechos de todos nosotros”. Y, posiblemente, sobre el dibujo de nuestra propia imaginación donde recreamos un mismo café de tarde entre geniales, Petra Karin Keller le añadiría a Forcat: “Estamos tan condicionados por los valores masculinos, que hemos cometido el error de emularlos al precio de nuestro propio feminismo”. Y Simone de Beauvoir le diría: es que “una no nace mujer, se hace mujer”.

Mary Wollstonecraft, pendiente de las palabras de Simone, alegaría con contundencia: yo “no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”. Rigoberta Menchú, que podría estar escuchando atenta, agregaría: “puede ser, mi querida Mary, pero una mujer con imaginación es una que no solo sabe proyectar la vida de una familia, o de la sociedad, sino del futuro de un milenio”. (O)

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