ESPECIAL FIN DE AÑO

El 2014 fue el año más crítico para los migrantes: 4.868 murieron en el intento de cruzar a otro país

31 de diciembre de 2014 - 00:00
Los migrantes suelen cruzar la frontera mexicana en un tren al que llaman ‘La Bestia’. Foto: Tomado de Internet

ESPECIAL FIN DE AÑO

Desde que se obtienen datos mundiales, nunca antes murieron tantos migrantes. La Organización Internacional para la Migración (OIM) destacó que 2014 fue el año más mortal para quienes huyen de los conflictos, persecución política o evaden dificultades económicas.

Desde el 1 de enero hasta el 12 de diciembre se contabilizaron 4.868 personas fallecidas, duplicando la cifra de 2013. Del total, 3.224 murieron ahogadas en el Mediterráneo, 540 en la Bahía de Bengala, 307 en la frontera entre México y Estados Unidos, y 265 en el Cuerno de África.

El Mediterráneo es la ruta migratoria más mortífera del mundo: 207.000 personas de África han cruzado el mar hacinadas en embarcaciones rudimentarias, con la esperanza de desembarcar en el sur de Europa. Huyendo de las guerras, las sequías y otras consecuencias climáticas, quienes logran llegar son devueltos de inmediato por las autoridades.  

Ante esta situación el director de la OIM, William Lacy Swing, exigió más acciones a los Estados. Todos los años lo hace, pero 2014 fue más enérgico en su discurso: “Los gobiernos deberían despenalizar a los migrantes irregulares a fin de que denuncien a los traficantes ante la policía para que sean enjuiciados y sancionados”.

Las causas de la migración son dispares para los africanos, sudamericanos y el resto de la población. Al margen de qué los empuja,  hay consecuencias y huellas para siempre: niños que pierden a sus padres, suicidios de menores en albergues como el de la ecuatoriana Joselyn A., de 12 años, trata de personas (la mayoría es de mujeres), incursiones en el narcotráfico, nuevas formas de esclavitud y la muerte.

Si bien las sociedades han migrado por siglos, la crisis bancaria de 1999 trajo consigo una nueva realidad a Ecuador. De ser un país de emisión moderada de emigrantes a EE.UU., se convirtió en el primer país de América Latina en ‘enviar’ ciudadanos a ese destino.

El año 2000 presenta el pico más alto de saldo migratorio con 175.000 personas que viajaron y no volvieron, según datos del INEC. 14 años después los ecuatorianos siguen migrando y a lo que se suma otra problemática: niños viajando solos por las fronteras. Ellos no migraron por razones económicas, sino por la única necesidad de reencontrarse con sus padres. Desde octubre de 2013 hasta junio de este año, datos de la embajada ecuatoriana en EE.UU. estimaron que 626 pequeños de Ecuador viven en albergues norteamericanos.

Desde 2009 hasta 2011, los menores ecuatorianos que migraron tenían entre 12 y 17 años, la mayoría. Un 66% transitó solo. En 5 años (entre 2005 y 2010) se registraron 2.606 niños ecuatorianos indocumentados. Azuay y Cañar son las provincias con más casos.

Los pequeños ecuatorianos no fueron los únicos cruzando el corredor hacia el llamado ‘sueño americano’. También, 52.000 menores, más del 60% de América Central, trataron de ingresar a EE.UU. de forma ‘ilegal’ y sin la compañía de un adultos. Esto implica una cifra 10 veces mayor a la reportada en 2009.

¿Por qué viajan solos? A diferencia de los menores ecuatorianos que buscan abrazar nuevamente a sus padres, un estudio de la Comisión de Refugiados de la ONU indicó que el 58% de niños lo hace por razones de seguridad y escapando de la violencia en Guatemala o El Salvador. Estos países son amenazados por las pandillas y el narcotráfico.

Lejos de incorporar iniciativas de movilidad humana, los gobiernos continúan criminalizando a quienes cruzan la frontera, advirtió la Coalición Internacional contra la Detención (IDC por sus siglas en inglés). En un intento por remediar la situación, el presidente de EE.UU., Barack Obama, dictó la mayor regularización de inmigrantes en 30 años. Unos 5 millones de indocumentados obtendrán un permiso provisional tras una reforma sin la aprobación del Congreso.

Jacques Ramírez, decano de la Escuela de Relaciones Internacionales de IAEN y experto en migración, asegura que los impactos de la migración deben ser entendidos desde una visión más global y profunda. “Nos olvidamos del problema estructural de la migración, la gente utiliza estas vías clandestinas no porque quieran, sino porque es su última opción”, dice.

También hay quienes migran hacia el sur y son sometidos a trabajos forzados. Por ejemplo, este año se conoció el caso del niño ecuatoriano Luis Geovanni P., quien viajó a Chile para vender artesanías y enviar dinero a sus padres. Él fue explotado, condenado a vivir en un pequeño cuarto y sin salario. El caso terminó con el regreso del menor a Peguche, pero destapó otra realidad: de forma silenciosa, los indígenas de Colta, Santiago de Quito, Alausí y Riobamba envían de muto acuerdo a sus hijos a trabajar en condición de esclavos. Venezuela, Colombia, Chile y Uruguay son los destinos y nunca reciben el dinero prometido.

Uno de los impactos sociales más importantes del reciente flujo migratorio han sido las transformaciones en la figura de las familias. Una encuesta de la Flacso calculó que los hijos dejados pasaron de 17.000 en 1991 a 150.000 en 2000. Con el viaje de los padres llegaron nuevas formas de cuidado: los abuelos se involucraron en la crianza. La migración ecuatoriana en Italia se ha caracterizado por la llegada, en primer lugar, de las mujeres que luego llevan al resto de su familia.

Precisamente se registró otro hecho. En abril de 2014 madres ecuatorianas denunciaron el retiro de la potestad de sus hijos por autoridades italianas. El Tribunal de Menores quita la potestad de los niños en caso de pobreza o insolvencia económica o por denuncias de que no asisten a la escuela. Lo cierto es que la historia muestra que vallas afiladas y muros más altos son impotentes para detener la migración, pero quizás instrumentos financieros que promuevan el desarrollo económico y social en los países de los migrantes ayudarían.

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