La celebración del Señor de Girón une toros, música y gastronomía

- 21 de octubre de 2019 - 00:00
Un altar se levantó en la vivienda del prioste fiesta alcalde, Manuel Plaza, en honor al Señor de las Aguas.
Foto: El Tiempo

Muestras de fe tuvo la celebración en honor a la imagen religiosa. La comunidad de Narambote, provincia de Azuay, fusionó rezos, cánticos, alimentos y la tradicional bebida de purificación en agradecimiento por los milagros.

Una chirimía (instrumento de viento similar al oboe) suena. Los priostes de 2019 y 2020 se encuentran en un altar lleno de flores y de imágenes del Señor de Girón.

Los colores naranja, blanco y morado resaltan en los adornos. Están rodeados por un grupo de platilleras (jóvenes solteras) que se alista a mover las polleras.

En la parte posterior de la casa del prioste fiesta alcalde, Manuel Plaza, las personas se agrupan para observar la corrida de toros, una de las tradiciones de Azuay que por más de 100 años los habitantes de las comunas festejan al Señor de las Aguas.

Tres toros corren en círculo en una pista adecuada por el prioste principal para hacer la reverencia a su patrono. Lo hacen como sabiendo que será la última vez; hasta que se agotan.

Se esconden y se asustan. Unas 20 personas los persiguen, entre ellos los guías, que no usan banderillas para detenerlos, “todo es a mano limpia”, indica Manuel Pauta, uno de los invitados.

Dominan el animal y lo atan con una soga para el sacrificio. Los otros dos toros se salvan. “Lo elige el fiesta alcalde”, dice Jennifer Jarama, una de las platilleras.

Lo entregan en sacrificio como agradecimiento “por la salud que brinda el Señor de Girón”, dice el fiesta alcalde, quien invierte $8.000 en la organización de la fiesta que dura una semana hasta el cambio de prioste.

El toro intenta soltarse, pero su sacrificio es inminente. Al hacerlo su sangre se derrama y los devotos la consumen en un vaso. Luego de beberla ingieren un “taco”de licor. Para ellos esto no es un acto de crueldad, es una ofrenda al Señor de Girón a lo que llaman milagros.

Plaza expresa que consumir la sangre del toro “es señal de la devoción a nuestro patrono. Es como beber la sangre de Cristo, nos purifica”.

Al final un baile se desarrolla con el fiesta alcalde en el centro de la pista, sostiene un bastón negro con filos plateados que levanta cuando baila y zapatea en el patio. Ese es el símbolo de poder. Mientras que las platilleras a su alrededor mueven las polleras, celebran su fe, al ritmo de la banda de músicos Centenaria Luis Pauta, del cantón Girón.

Con la carne del toro se alimenta a los visitantes. El sonido de la chirimía de Juan Tenemea anuncia la primera porción que se cocinará. Cuatro devotos la trasladan hasta el lugar del festín.

El ruido de los juegos pirotécnicos se mezcla con la música y gritos de júbilo de los devotos invitados a la celebración. Desde las 04:00 inicia el albazo que acompaña con rezos del rosario y cánticos. A las 06:00 un café caliente se da a los invitados, mientras los priostes preparan los cuyes.

En el sector de Narambote, donde está la vivienda del prioste principal, la celebración es “una forma de mantener la identidad y el sincretismo religioso”, cuenta Manuela Nieves, quien mantiene impecable el altar del Señor de Girón. (I)

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