Hice mi doctorado en uno de los centros españoles considerado como referente en investigación médica en el ámbito europeo.
A diferencia de la mayoría de los centros educativos, los docentes eran seleccionados cuidadosamente, trabajaban con un salario distinto en cada área, incluso en cada caso, de acuerdo con lo que aportaban tanto en prestigio como en otros conceptos a la institución.
Los objetivos por cumplir eran exclusivamente profesionales y por ello cuanto más y mejor trabajaban, cuanto más publicaban o enseñaban, mejor era su retribución.
Los que tuvimos la suerte de entrar al programa de doctorado no teníamos otra preocupación que la de estudiar y realizar de la mejor manera nuestro trabajo, se nos exigía puntualidad a la hora de acudir a las clases, un dominio absoluto sobre las lecturas que debíamos cumplir, trato gentil y delicado a los enfermos y una presentación impecable.
Realizábamos actividades de investigación con todas las facilidades en los escenarios, laboratorios y la biblioteca que estaban muy bien equipados.
Estudiar en ese entorno fue una experiencia inolvidable, no solo éramos consumidores de conocimientos sino generadores.
En mi caso particular, con mi tesis doctoral contribuí al conocimiento de la fisiología cardiovascular de los corazones trasplantados, lo que me permitió acceder a varios congresos europeos de la especialidad y a publicar artículos en las mejores revistas del mundo en el campo de la cardiología.
Los avances de la ciencia solo nacen en centros donde el estudiante se encuentra a gusto, es motivado y respetado y, trabaja en un ambiente propicio para la creatividad, contando con el apoyo de colegas, superiores y personal de servicios, que saben que de su trabajo depende fundamentalmente el prestigio del mismo y por lo tanto su futuro profesional y personal.
Se ha hablado mucho sobre Yachay estos días, la Senescyt ha solicitado ya que la Contraloría inicie un examen especial y una auditoría integral de la institución. Es lo correcto y si se determinan irregularidades que se tomen los correctivos en las instancias respectivas.
Estos tropiezos no deben ser el motivo para torpedear el sueño de sus primeros 650 estudiantes, el 60% de los cuales pertenece a la primera generación de universitarios en sus familias, ni de sus docentes que en solo 15 meses de vida institucional, ya han publicado 50 artículos científicos en revistas internacionales. Todos ellos luchando por alcanzar un sueño muy parecido a mi vivencia europea de hace 25 años. (O)
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