El palo santo, producto que repele los insectos
Tiene un olor agradable que lo convierte en el ambientador natural de todo hogar, pero también sirve como repelente de mosquitos.
El palo santo, (bursera graveolens), muy popular en la Costa ecuatoriana, se lo obtiene de un árbol que crece entre los bosques y quebradas de las zonas secas de las provincias del litoral ecuatoriano. Incluso es utilizado para las ceremonias litúrgico-religiosas.
Su comercialización se acentúa cuando llega la estación invernal, ya que es justamente el momento en que los insectos se reproducen con rapidez debido a la humedad y acumulación de aguas lluvias.
Se lo obtiene en cualquier mercado, en fundas desde $ 1 hasta $ 2, según el lugar y la cantidad. Su uso es sencillo: sobre un recipiente se colocan las astillas y se las enciende. El humo que emana de ellas sirve para ahuyentar los mosquitos.
Zoila Arias, adulta mayor, llegó desde el recinto San Ramón del cantón Jipijapa, a Manta hace 50 años. Ella usa este producto como una costumbre que heredó de sus padres.
Ella vive en el barrio Seis de Diciembre, en Tarqui. Cuenta que sigue las tradiciones de sus progenitores, quienes quemaban ramas del árbol cortadas en pedazos para expandir el humo, así evitaban la presencia de los insectos y, además, proporcionaba un olor agradable a los ambientes de la casa.
“En San Ramón, mi padre y hermanos salían al bosque en busca de las ramas de palo santo, después de media mañana de trabajo regresaban con sus bultos del árbol”, reseña. Una parte era para la venta y otra para la casa.
Desde 2010, el palo santo es más escaso. Hay que viajar largas distancias en busca del árbol, señala Fabián Reyes, del recinto Quimís, cantón Jipijapa, suroeste de Manabí.
Desde que en Puerto López, (suroeste de la provincia) alguien descubrió las potencialidades de la extracción del aceite, empezó la mayor demanda del árbol como materia prima para obtener su esencia.
En torno al palo santo se ha generado una serie de emprendimientos. Nada se desperdicia. Desde la viruta, las astillas, la extracción de aceite y hasta se lo ofrece en pequeños pedazos.
La tradición de quemar astillas para espantar sobre todo a los mosquitos, sigue vigente hasta nuestros días. Margarita Cedeño, quien reside en la parroquia Los Esteros de Manta, también tiene esa costumbre.
Cuenta que antes de que empiece el invierno le pide a uno de sus hijos que la lleve a Quimís y Sancán, en Jipijapa. “Tengo mis proveedores, quienes me venden más barato la funda, a un dólar. Compro hasta 10, pues a veces escasea”.
Para el historiador manabita José Elías Sánchez, el palo santo es parte de las memorias de Manabí.
Su particular olor se percibe en los hogares no solo de esta región, sino también en otras provincias del país. Sánchez afirma que la creencia popular es que el humo del palo santo no solo ahuyenta los insectos sino también las energías negativas.
Actualmente existe un proyecto de reforestación en Puerto López, donde se han plantado 40.000 árboles en seis años. (I)
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