Los nuevos guardias suizos, estoicos soldados del Papa, armados con alabardas y con más de 500 años de historia, prestaron juramento prometiendo sacrificarse si es necesario por su soberano Pontífice.
“Existen dos formas de defender al Papa: con las armas y con la fe”, resumió, como una evidencia, el comandante de la Guardia Suiza pontifical, Christoph Graf.
La alabarda, que suscita la curiosidad entre los visitantes de la Ciudad del Vaticano, es un arma simbólica. El cuerpo de guardia, con 110 hombres, en ocasiones de civil, dispone también de armas mucho más modernas, cuyo emplazamiento es un secreto.
El comandante exhibió satisfecho una protección papal insólita en la era de las amenazas terroristas internacionales: el rosario. “Cada guardia recibe uno”, precisó alardeando de su propiedad indestructible.
“¡Los guardias suizos deben dedicarse como misioneros!”, insistió Christoph Graf a los 40 nuevos reclutas que prestaron juramento el sábado anterior por la tarde (23 suizos germanófonos, 13 francófonos y 4 italohablantes). (I)
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