Somos parte de una cultura maltratante que está muy centrada en los adultos. El bullying nace como parte de ese contexto, porque una sociedad maltratante tiende a reproducir la violencia.
Los colegios mantienen una orientación vertical donde no hay espacios de confianza y diálogo para que los adolescentes canalicen esos valores de forma diferente. El debate propiciará esa forma de relación diferente.
Es importante que los jóvenes se hayan expresado públicamente porque parecería que el bullying se estaba quedando como parte del “anecdotario” estudiantil y en silencio expresaban su deseo de no volver a la escuela, y los padres, para evitar problemas, optaban por cambiarlos de plantel.
Este pronunciamiento marca un hito para poner el tema en debate y generar la preocupación de las autoridades. Esto debe ser una preocupación del Estado para plantearse, por ejemplo, cómo promover una cultura de paz y de democracia dentro de los centros educativos; cómo abordar el trabajo en familia porque muchos de los chicos “violentadores” posiblemente viven en un contexto desfavorable que no les permite buscar otras potencialidades; y cómo promover el buen trato dentro de las familias. Me alegro de que haya iniciado una discusión pública en torno al tema.
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