El español cubano mantiene activa su gracia y desenvoltura al conversar y escribir
Los cubanos tienen un nuevo santo y seña para saludarse, una frase lacónica y a la vez abarcadora: cómo anda la cosa. Al principio la formulaban en plural, pero el uso cotidiano la redujo al singular cosa (verbo incluido).
Lo mismo sirve para indagar sobre las menudencias cotidianas, un problema en vías de solución o no, la salud, el tiempo, el contexto internacional o el avance de un escarceo amoroso. La respuesta puede ser: la cosa anda bien, más o menos, o una interjección melancólica: “hummm”.
La polisemia del lenguaje es rica, los hablantes lo saben o lo intuyen y manejan a la perfección sus claves. Todo el mundo se entiende.
La frase en cuestión sustituyó gradualmente a otra que se resiste al desuso: “¿Y qué?”, con su complemento: “Ahí”. De la entonación que se le imprima al “ahí”, el que escucha podrá adivinar el estado de ánimo, el humor, las dudas, los secretos deseos, las dudas o insatisfacciones de su interlocutor.
El español cubano hablado en la calle echa al vuelo de modo constante modismos, fórmulas, vocablos nuevos que desaparecen o se incorporan para siempre al día a día.
El cantante Juanes quedó hechizado por una frase usual en las despedidas cotidianas en la isla: "Chao pescao, a la vuelta picadillo", aprendida de su colega, el cubano Yotubel.
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