La comunidad afro recibió a Jesús con arrullos
“Qué quiere el niñito que no le dan, que no le dan, ramito de flores yo le daré, pero no llore, ese es un arrullo”, dice la afroesmeraldeña Rosa Wila, tras interpretar a capela estas líneas, con una voz fuerte como su pueblo negro.
Ella es una de las más queridas cantoras de arrullos, esos versos que se entonan en honor al Niño Dios, la noche del 24 de diciembre, para amanecer 25 y son considerados una especie de villancicos del pueblo afro.
Rosa, de 84 años y oriunda del pueblo Punta de Piedra de Esmeraldas, ha dedicado su vida a la difusión de la cultura afroecuatoriana.
“A mí no me enseñó nadie a cantar los arrullos, yo aprendí desde pequeña escuchando a mi madre y a mi abuela, que eran cantoras”, dice Rosa, quien formó su primer grupo musical en 1982 y se llamó “La Voz del Niño Dios”, por los cantos con los que ella se destaca.
Además de los arrullos populares y tradicionales, Rosa creó sus propios cánticos: “Vine con los arrullos, bombo, cununo y guasá”, es uno de sus más queridos.
Según las tradiciones de la comunidad afro, los hogares tienen al Niño Dios tapado con un pequeño pañuelo en el pesebre y a medianoche del 24 de diciembre lo descubren para recordar su nacimiento. Entonces empieza el tributo, según María de Lourdes León, integrante del Movimiento Afro de Esmeraldas.
Para su interpretación, las cantoras son acompañadas de instrumentos de percusión tradicionales de la cultura negra de Esmeraldas, como los bombos. (I)
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