Manos ágiles tejen artesanías con paja toquilla
Con una agilidad que llama la atención, las artesanas azuayas no dejan de tejer una variedad de elementos con base en la paja toquilla.
Sentadas, con la mirada fija en el tejido, poco a poco van confeccionando elegantes muñecos, pequeñas canastas, diminutos sombreros y otros artículos que son muy codiciados por los visitantes extranjeros.
Los colores que van dando a cada una de las figuras se obtienen por la combinación de la paja, que es teñida con sustancias naturales.
Mujeres y hombres de las provincias de Azuay, Cañar y Manabí mantienen vivas las técnicas ancestrales del tejido, que fueron reconocidas por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2012.
Para muchos, esta declaratoria puso más visible el tejido de paja toquilla. Desde 2013, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) elaboró un plan de salvaguardia con el fin de preservar la tradición en el tejido.
Las herramientas que usan las artesanas son cuchillo, púas o espinos, gramil con punta de acero y mango de madera, horma, correa, azufre y las anilinas, para darles variedad de colores, tanto a los sombreros como a las pequeñas artesanías que van creando.
María Teresa Zhizhin llegó desde la parroquia Sinincay, cantón Cuenca. Ella tejía una botella con paja toquilla, lo cual le toma un día entero para terminar su labor.
“Hacemos adornos para la Navidad, elaboramos joyeros, bordamos esferográficas, también con la paja confeccionamos chanchitos, burritos, avecitas y todo lo que nos venga a la mente”, dijo mientras indicaba el bordado a otras personas que seguían sus mismos pasos.
Según la artesana, son los turistas foráneos quienes más buscan estos adornos para la sala o cualquier parte de la casa.
“Para que todo salga bien hay que ir combinando el tejido, cruzando bien las pajitas”, explicó a sus alumnos.
La mujer tiene a su cargo 12 personas a quien transmite sus enseñanzas, algunos llegaron del barrio Miraflores, de las Orquídeas, Mayancela, para aprender a tejer.
Patricio Guachichulca, quien teje un pequeño gallo de paja toquilla, dice que hace dos meses comenzó con este tipo de manualidades, es decir, a tejer pequeñas artesanías. “Antes hice sombreros, elaboré como ocho con paja toquilla”, puntualizó el artesano.
Guachichulca señaló, además, que su madre y su abuela conocen del tejido, pero como son personas mayores y no tienen la paciencia necesaria, no saben cómo transmitir los conocimientos. (I)
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