"Tomé la decisión de retirarme joven porque venía mi hijo en camino"

- 18 de mayo de 2016 - 17:55
Foto: Lylibeth Coloma / El Telégrafo

Cuando supo que sería papá a sus 24 años en ese momento abandonó el tenis, se casó y empezó a planificar su futuro.

La vida de Pablo Campana cambió cuando a mediados de enero de 1997 recibió la noticia de que iba a ser padre. En ese momento su mente se le nubló y dejó de lado la raqueta con la que estaba entrenando. Pocos días después se decidió a hacer público su deseo de abandonar el tenis.

¿Cuál fue el motivo que lo llevó a dejar el tenis?

Quería formar una familia, casarme, estudiar y tener una vida normal como todo ser humano. Y es que la vida de un deportista es muy sacrificada, a veces hasta un poco solitaria, ya que te la pasas viajando por el mundo. Por eso pensé en que quería prepararme para darle un futuro mejor a mi hijo que venía en camino (Pablo Xavier).
Digo esto con orgullo -no se avergüenza- porque él nos ha dado mucha felicidad.

La responsabilidad que se le avecinaba le hizo dejar la raqueta para pensar en leche, pañales y demás cosas...

(Sonríe) A lo mejor. Solo sé que Dios sabe por qué hace las cosas. Estoy convencido de que Dios me puso en el camino correcto y me ayuda a tomar las decisiones correctas.

¿Considera que dejó de lado el tenis a pesar de que tenía una buena proyección?

A mí el tenis me ha servido para homologar muchas cosas: el esfuerzo, la disciplina, la constancia, la perseverancia y muchas cosas más. Eso lo he trasladado a la vida profesional (empresario) y por eso he hecho unos proyectos que probablemente nadie se imaginó que iba a lograr. Ahora me he pasado de los proyectos inmobiliarios a otros que nadie se imaginaba, uno de esos se podría decir que es el más grande de la historia del Ecuador y en el cual decidí involucrarme hace 2 años para traer ciento por ciento a la inversión extranjera para el financiamiento. Algo que algunos ejecutivos e incluso empresarios no pudieron hacer.

¿Quién lo introdujo en el mundo del deporte blanco?

Mi papá (Pablo Campana Malo) era pediatra y me hacía jugar tenis con él en la cancha que construyó en la casa de Quito. Vio en mí algo especial cuando jugaba, mientras que él solo lo hacía por hobby. Entonces fue así que poco a poco me fui involucrando en este deporte.

¿Cree que su padre lo indujo a ser un tenista profesional?

Recuerdo cuando mi papá falleció, yo tenía 20 años, y él me decía en sus últimos días de vida: “Yo descansaré en paz el día que te vea con título universitario y realizado profesionalmente”. Él quería que estudiara, y bueno, parte de mis motivaciones era cumplir ese sueño de mi papá.

Su papá ya no está a su lado, ¿pero qué significa su madre para usted?

Gracias a Dios aún la tengo a mi lado; incluso trabajamos juntos. Ella es una mujer muy trabajadora; tanto, que ha sido un ejemplo para mis hermanos y para mí, ya que nos crió como padre y madre cuando papá falleció. La considero mi mamá, amiga y hermana.

¿Por qué escogió el tenis y no otra disciplina deportiva?

Me gustaba mucho el fútbol de chico, pero la verdad es que empecé a dar muy buenos resultados en el tenis y por eso fue que me dediqué a jugarlo desde joven.

¿Qué recuerdos le dejó el tenis durante su etapa?

Magníficos recuerdos. No solamente que tengo recuerdos en Olimpiadas, Copa Davis y cuando quedé campeón sudamericano, sino que también creo que el deporte formó mi carácter, disciplina y perseverancia. Considero que el deporte individual te ayuda a formar como persona, mientras que el colectivo te ayuda a trabajar con las personas.

Cuando dejó el tenis a sus 24 años... ¿lo hizo por completo?

Sí, lo hice. Tanto así que me atrevo a decir que desde entonces no sigo el tenis ni por televisión. Eso sí, continúo practicando el deporte: troto por las mañanas (10 km diarios), también hago natación, bicicleta, gimnasia y me gusta mucho el fútbol. Me mantengo activo. Eso es parte de mi vida, mi vitamina diaria.

Si le preguntaran quién es el mejor tenista de la historia, ¿qué respondería?

Federer me parece que es el mejor de todos los tiempos; aunque personalmente admiré a Andre Agassi, a quien tuve el gusto de conocer en la Academia Nick Bolletieri en Sarasota (Florida), lugar donde nos entrenábamos.

¿Qué piensa de los deportistas que abandonan su carrera para dedicarse a otra?

Yo creo que todo deportista tiene el tiempo y la necesidad para mantener su cabeza concentrada en libros, estudios y manejar paralelamente su deporte de alta competencia. Recomiendo a todo atleta que tenga su carrera universitaria, para que el día de mañana, cuando se retire, tenga un título y pueda redireccionar su vida fácilmente. Todos sabemos que la vida de un deportista culmina a los 30 o 35 años. De ahí recién estás empezando a vivir.

Habrá gente que deseará seguir en la línea deportiva y otros que se apartan por completo del deporte...

Incluso han existido casos de deportistas que durante su actividad han conseguido un título profesional. Había el famoso caso de Sócrates (futbolista brasileño) que era doctor. Recuerdo en 2005 que a Barcelona vino -cuando yo era parte de la directiva del club ‘canario- el doctor Juan Manuel Herbella, que jugó en el equipo una temporada.

Creo que todo depende de lo que nos propongamos en la vida. Que la vida del deportista a veces nos marea porque nos hace ir por la fama y fortuna del momento, pero el atleta no se da cuenta de que su carrera acaba a los 30 o 35 años; eso si no ocurre antes por una lesión.

¿Por qué cree usted que el tenis sea un deporte elitista?

Es un deporte elitista por el simple hecho de que ocupa un área y solamente pueden jugar 2 o máximo 4 personas. Por ahí podemos ir descartando esa misma área que puede ser usada para una cancha de fútbol, básquet o voleibol. Además, es un deporte que no se puede masificar porque es muy costoso: la indumentaria y las clases.

Pero considero que la clave es buscar un deporte o arte que te llene y cumpla con tus expectativas.

¿Qué empezó a hacer luego de su desvinculación con el tenis?

Empecé mi carrera en la Universidad del Pacífico, en Administración de Empresas, luego hice una maestría en la IDE (Business School). Una maestría que fue durísima, pero que me ha servido mucho. Lo que aprendí es la base de lo que ahora pongo en práctica. Considero que mis estudios son un 15 o 20% de lo necesario; el resto es experiencia, coraje, agallas y personalidad.

¿Qué tan rápida fue su vinculación al mundo empresarial?

Empecé a trabajar de la mano de mi suegra Isabel Noboa y de mi suegro Isidro Romero. Ellos han sido de gran apoyo; aunque también aprendí mucho de la experiencia de otros grandes empresarios y de sus grupos de ejecutivos ‘triple A’. De todos ellos tomé un poco de cada uno y eso hoy lo pongo en práctica.

¿Cómo tomó su cambio del deporte a los negocios?

Para mí fue un cambio drástico que le di a mi vida, ya que luego del tenis me dediqué a trabajar 15 años y medio en el consorcio Nobis, donde levanté y ayudé a edificar grandes proyectos.

¿De quiénes aprendió sobre el campo inmobiliario y cuándo se dio cuenta de su profesión?

Siempre me rodeé de gente mejor a mí. Creo que la clave del éxito no es rodearse de gente que tiene que saber todo, sino de gente que sobresale en las distintas áreas: financieras, comercial, técnica, legal. Así he ido absorbiendo como esponja los conocimientos de todo el equipo de trabajo. Un equipo es el que te hace grande, los socios te hacen grande, la banca te hace grande, los gobiernos, todos. Por eso tienes que saber jugar y administrar las relaciones conforme vayan llegando.

Se imaginó alguna vez llegar a ser un empresario exitoso, luego de su paso por el tenis...

Yo creo que el ser humano siempre tiene que ponerse metas altas, difíciles de tratar y cumplirlas. Pienso que en mi vida profesional he tenido buenos resultados, principalmente en el campo inmobiliario y de la construcción, pero también creo que tengo mucho por dar a mi país, para la sociedad y como ser humano. Es más, confieso que el día de mañana está entre mis planes crear una fundación y poder compartir tantas bendiciones que Dios y esta vida me han dado.

¿Cuántos proyectos inmobiliarios ha levantado y cuáles destaca más?

He estado en el sector de la construcción los últimos 9 años. He desarrollado muchos proyectos desde que fui gerente general de Pronobis. Desde hace 3 o 4 años formé mi propia empresa (Consorcio Inmobiliario Millenium Partners) junto con mi esposa Isabel Romero Noboa.

Por mis hijos: Pablo Xavier (18 años), Leonardo (15), Isabela (11) y Fiorella (8) -quienes son su motivación personal para triunfar- estoy involucrado en algunos proyectos, y no solamente inmobiliarios. También estoy involucrado en un proyecto icónico y que próximamente -a fines de mayo e inicios de junio- se lo dará a conocer. Este proyecto sacará adelante al país, además de que brindará beneficios en general y generará fuentes de empleos. El megaproyecto se realizará en la provincia de Manabí.

¿A qué proyecto se refiere específicamente?

Solo puedo decir que será en la ciudad de Manta. El proyecto se lo dará a conocer este año; es algo en lo que el Estado y la empresa privada han venido trabajando hace 2 años y que lamentablemente -por las víctimas- coincidió con el terremoto del pasado 16 de abril que afectó a la provincia manabita y a Esmeraldas.

¿Ha pensado involucrarse en el campo político?

Personalmente creo que todos debemos servir al país y hacerlo desde el campo privado o público. No descarto algún día participar en la política, pero en la actualidad mi vida está enfocada en el campo privado. Sin embargo, presenté  proyectos a algunas entidades públicas: son de vivienda social en Quito Guayaquil y ahora en Manta, tras la catástrofe.

Mi idea es desarrollar vivienda social a bajo costo. También tengo otros proyectos privados, uno de ellos con fines de lucro que se llevará a cabo en Manta. (I)

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