OPINIÓN

Maternidades y desigualdades

- 13 de mayo de 2018 - 00:00

En este día hay que festejar a la madre, rendir un homenaje a ese ejercicio sublime que invierte desinteresadamente tantas horas, canas, arrugas y fatigas en el cuidado de los hijos. Sí, pero también este día es una oportunidad para reflexionar sobre los derechos de la mujer, sobre esas cargas a veces excesivas que la realidad y la sociedad le impone y que, sin un orden adecuado, podría llegar a lesionar sus derechos.

Ser madre es, o debería ser, una elección personal pues entraña una responsabilidad trascendental: preservar la vida, educar y criar a un ser humano. Esta realidad se contrapone, muchas veces, con la proyección profesional o los anhelos académicos de la madre por una sencilla razón: la responsabilidad maternal hace, al menos al inicio de la crianza, virtualmente imposible la realización de otras metas profesionales, o académicas. El tiempo que la madre debe destinar a sus hijos, sobre todo si es una persona de escasos recursos, implica un desplazamiento de otro tipo de aspiraciones.

Es decir, frente a esa decisión tan noble y significativa de querer ser madre existe un contrapunto, a veces inexplorado, que implica dejar de lado aspiraciones personales de la mujer. Los retos de la maternidad no le son aplicables al hombre pues no se somete al nivel de exigencia de la madre y, por tanto, puede seguir un curso de vida acorde con sus expectativas profesionales, académicas etc.

En este orden de ideas, la maternidad es un fenómeno de desigualdad de género que la sociedad debería regular ¿Cómo lo logramos? Hay muchas opciones. Podemos iniciar dándole opciones reales a la madre para conciliar el tiempo que dedica a sus hijos con el que emplea para su desarrollo personal. Hay países que incentivan los estudios de madres, permiten que traigan a sus hijos y tienen centros educativos dentro de las universidades. Existen programas destinados a otorgar alternativas de cuidado de los niños a mujeres que deseen perseguir retos profesionales o académicos.

En fin, hay muchas opciones, pero lo esencial es empezar reflexionando colectivamente cómo podemos hallar soluciones frente a una desigualdad manifiesta cuyo tratamiento efectivo solo puede traer algo positivo para las mujeres: la vigencia de sus derechos y el mejoramiento del ejercicio de la maternidad. (I)

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