Sociedad

Abuso sexual a menores lo cometen familiares o personas cercanas

- 29 de octubre de 2017 - 00:00

Padres atentos y una educación sexual adecuada a la edad son factores que ayudan a evitar este tipo de agresiones.

Quito.-

En Ecuador, 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 6 niños son abusados sexualmente antes de cumplir 18 años. El 65% de los casos es cometido por familiares y personas cercanas a la víctima.

Según Unicef, estas cifras alarmantes no reflejan la realidad, pues en el país solo de 6% a 12% de los casos se denuncian, y aquello es cuando la víctima sufre daños irreversibles imposibles de ocultar.

La situación es aún peor. De los familiares que agredieron, casi el 40% abusó varias veces del mismo menor. Además, a 1 de cada 3 víctimas nunca le creyeron y de todos los casos de abuso sexual denunciados solo el 5,3% fue sancionado.

Según esta entidad, el abuso sexual ocurre con o sin contacto físico, mediante conductas que van desde provocaciones verbales hasta violencia con penetración anal, vaginal o bucal, incluyendo el tocamiento intencionado de las partes íntimas por parte del perpetrador hacia el niño, niña o adolescente. Alentar, forzar o permitir al niño que toque de manera inapropiada las mismas partes del perpetrador, también es una forma de abuso sexual. Otras son exhibirles pornografía, fotografiarlos en poses sexuales, instar a que los niños tengan sexo entre sí y contactarlos vía internet con fines sexuales.

Aunque las cifras son frías, estos números representan a miles de pequeños rostros con miradas perdidas. Y es que las consecuencias del abuso sexual son graves, el menor podría sufrir tristeza y depresión, baja autoestima, no controlar la ira, tiene una falta de conexión afectiva, dificultad de aprendizaje, comportamiento autodestructivo, bajo crecimiento, rechaza las reglas y puede llegar al suicidio.

Los niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual no son culpables. No importa si el niño dio su consentimiento o no. El responsable siempre es el adulto. Foto: onmeda.es

Según el psicólogo Peter Sanipatín, estos abusos suelen ocurrir en menores que se encuentran en un estado de vulnerabilidad. Por ejemplo, la figura más cercana con la que comparte el niño o niña sus secretos es la mamá, si esta conexión falla, ya sea porque la progenitora lo sobreprotege o porque es distante, el menor queda vulnerable. Asimismo, un niño está en un estado de inseguridad cuando los padres no le enseñan sobre su pudor, pues él no sabe que hay partes que no deben ser tocadas por otros.

El abusador reconoce a estos menores. Según Sanipatín, observa sus gestos y actitudes, pues hay signos evidentes de sumisión. Por ejemplo, se aproxima y le topa la espalda, el atacante  mira su reacción y sabe si es vulnerable. Es cuando empieza a acercarse, lo manipula psicológicamente, y crea vínculos de dependencia y de persuación, lo convence.

“La estabilidad del niño es minada rápidamente para que se convierta en alguien completamente identificado con el agresor y haga lo que él quiera, de ahí que hay casos en los que niños y niñas defienden a su agresor”, explica Sanipatín. Agrega que el abusador en todo el proceso instaura el secreto, la amenaza, la intimidación y la vergüenza, que hace que la víctima calle.     

Antes de la agresión, el acometedor analiza si el ambiente es favorable para hacerlo. De ahí que para Sanipatín es fundamental que las unidades educativas, por ejemplo, tengan políticas de prevención de abuso a los menores, como contar con maestros sensibilizados y capacitados en el tema para que se tomen medidas efectivas frente a un caso de abuso sexual.     

“No permitas que nadie toque tus partes íntimas y no toques las partes íntimas de nadie”, “si te tocan y te piden guardar el secreto, no lo hagas, aun cuando te amenacen y sea un familiar tuyo” y “si te tocan tus partes íntimas, no te quedes callado y cuenta lo que pasó a alguien en quien confíes”, son los mensajes que da Unicef en la campaña #AhoraQueLoVes #DiNoMás.

El silencio de la víctima, de la familia y de la sociedad permiten que el abuso se repita. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el 88% de los casos, el perpetrador jamás será denunciado, juzgado o condenado, llegando a abusar de aproximadamente 168 víctimas más.

Los padres deben educar a sus hijos respecto al tema. Para ello debe haber vínculos adecuados entre padres e hijos, si no hay esta conexión, que es la principal arma de defensa del menor, los abusos continuarán.

El abusador posee mayor poder sobre la víctima, ya sea por edad, fuerza física, madurez mental o autoridad por el vínculo. El menor siente miedo de avisar lo sucedido. Foto: Tomada de internet

Señales de alerta

Existen algunos indicios con los que se puede advertir que un menor ha sido víctima de abuso sexual. Muchos niños no revelan lo que pasó y depende de los adultos reconocer las señales.

Unicef recomienda estar alerta si su hijo tiene pesadillas u otros problemas para dormir sin ninguna explicación; si parece distraído o distante en diferentes momentos con mirada perdida; si presenta un cambio repentino en sus hábitos alimenticios; si tiene problemas para tragar; si presenta cambios repentinos en su estado de ánimo como furia, miedo, inseguridad, retraimiento, estallidos de angustia, ansiedad o tristeza profunda, llanto extremo o risa nerviosa; si muestra ‘señales’ que dan pie a iniciar una conversación sobre temas sexuales; si desarrolla un miedo inusual o nuevo en relación con ciertos lugares o personas; si rechaza a quedarse solo o con una persona en particular; si se rehúsa a hablar acerca de un secreto compartido con un adulto o niño mayor; si escribe, dibuja, juega o sueña con imágenes atemorizantes o sexuales; si habla de un nuevo amigo mayor; si de repente tiene dinero, juguetes u otros regalos sin motivo alguno; si piensa que es repulsivo(a), sucio(a) o malo(a), o si considera que su cuerpo lo es; o si exhibe conocimiento, lenguaje o comportamientos sexuales semejantes a los de un adulto.

Los niños menores de 3 años pueden presentar lesiones genitales y reacciones inespecíficas que, en un principio, parecen inexplicables: irritabilidad, rechazos, regresiones, llanto, trastornos del sueño y el apetito.

En niños y niñas menores de 5 años las señales de que se siente inseguro son: ganas constantes de llorar, un nudo en la garganta, le sudan las palmas de sus manos, necesita ir al baño, empieza a sudar, no sabe qué decir, su corazón le late rápidamente, empieza a temblar o le duele la barriga.

Presentar algunos de estos síntomas no significa que el niño haya sido víctima de abuso sexual, sin embargo, de haber  varias de estas características se debe buscar ayuda.

Cómo actuar ante un caso

Unicef recomienda que escuche cuidadosamente al menor, permanezca calmado y nunca lo culpe ni lo juzgue. Asegúrele que no es su culpa y refuerce en él la idea de que fue muy valiente al atreverse a develar lo sucedido, ya que representa el inicio de su recuperación.

Después de agradecerle por haberlo contado, garantícele que se le dará asistencia y protección, e inmediatamente busque ayuda. Lleve al niño a una revisión médica, psicólogo y denuncie el caso. Asegúrese que el abusador o presunto abusador no esté cerca del niño.

Permita que el niño brinde un único testimonio a la instancia competente por la investigación (Fiscalía). (I)

DATOS

En Ecuador hay más de 2’609.876 sobrevivientes adultos de abuso sexual.

Una de cada cuatro víctimas de abuso sexual nunca avisó, calló por temor a las consecuencias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que en el mundo existen 73 millones de niños y 150 millones de niñas menores de 18 años que sufren violencia sexual en forma de tocamientos y relaciones sexuales forzadas. (I)

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