Enfermeros y monjas, la compañía de los abuelos
Es sábado por la mañana, como cualquier otro en Guayaquil. Decenas de carros se pelean por alcanzar el último destello de la luz verde en la avenida Carlos Luis Plaza Dañín, al norte de la ciudad. A un lado de la vía se ubica el Hogar San José, instituto dedicado a cuidar adultos mayores de la urbe. Hasta allí llegan personas de distintas provincias en su última etapa de vida.
Por ejemplo el señor Dáger, que es de Ambato. No dice su primer nombre, quizá no lo recuerda. Lo que sí rememora son algunas calles y personajes de Tungurahua. Muy cerca de él, en el área de esquizofrenia, están más abuelos descansando. Hay quienes con ayuda de sus únicos compañeros -enfermeros y religiosas- realizan ejercicios a paso lento. El psicólogo quiteño Álex Rivadeneira lleva 8 años trabajando en Guayaquil y cuenta que si bien es triste ver solos a muchos de los adultos mayores, ayudarlos es una manera de agradecerles en vida. (I)
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