Los arrullos son legados espirituales de muchas poblaciones africanas y hoy constituyen el soporte para reconstruir la memoria cultural de quienes utilizaban estas expresiones para relatar sus alegrías y tristezas e incluso para resistir a la esclavitud. Estos poemas-musicales enriquecen el día a día al dar sentido de trascendencia a la vida y a la muerte, y al registrar la historia y enaltecer la experiencia espiritual.
Para quienes han seguido de cerca estas manifestaciones artísticas, los arrullos y los alabados fueron heredados de la poesía española tradicional, como las coplas y los romances. En un artículo publicado por el ensayista y dramaturgo colombiano Enrique Buenaventura, se puntualiza que los arrullos también pueden ser variantes de los cantos gregorianos y de los cantos ambrosinos con dejes de influencia africana.
Los arrullos, canciones de cuna, son expresiones literarias sobresalientes que las mujeres —acompañadas en algunas ocasiones de hombres— entonan con una fuerza que es difícil de describir. Al entonar los arrullos se crean vínculos entre lo humano y lo divino, y son el cununo, el guasá y el bombo los que arrullan al Niño Dios.
Las arrulleras —como se llama a las mujeres que realizan estos cantos— invitan al rezo y, al mismo tiempo, al baile, porque los arrullos están cargados de alegría. En estos se condensan muchos sentimientos: el amor de una madre por su hijo, el de un hijo por su madre y el orgullo de las arrulleras por mantener estas expresiones que están más vivas que nunca.
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