José Feliz es uno de los últimos carpinteros en el centro histórico de Cuenca
La modernidad ha dejado de lado a la mayoría de carpinteros; sin embargo, José Félix Lojano Lucero de 84 años aún sobrevive entre las maderas, clavos y serruchos en su taller ubicado en el barrio cuencano de La Zuelería.
“Yo aprendí la carpintería a los 18 años, antes andaba trabajando en otras cosas. Víctor Cabrera y Francisco Abad fueron mis primeros maestros; el taller de uno de ellos estaba en la Asociación de Empleados, en la Gran Colombia y General Torres”, rememora, mientras sus manos no dejan de ‘cepillar’ un madero de seique que transforma en una pieza de caballete.
“Me considero ahora más carpintero que ebanista. Antes éramos ebanistas mismos, cuando trabajábamos con los maestros. Ya después fue bajando bajando… hasta ahora, la gente dice: vamos al carpintero, vamos al carpintero… ja ja ja”, sonríe, al expresar cómo ha cambiado su trabajo con el paso de los años, hasta dedicarse a la confección de artículos de madera menos elaborados que los muebles de antes.

Sobre la diferencia entre el trabajo de la ebanistería y la carpintería, don ‘Pepito’, como cariñosamente le conocen sus clientes y vecinos, sostiene que el ebanista realiza trabajos más detallistas al elaborar sillas, camas y otros muebles finos para el hogar. Este es un trabajo artesanal que en la actualidad se va perdiendo porque los productos se hacen en grandes fábricas, hasta alcanzar niveles industriales, lo cual ha contribuido a que los pocos y pequeños talleres vayan decayendo y desapareciendo.
Cuando dejó de ser oficial de la carpintería, montó su propio taller en diferentes barrios de Cuenca, sin embargo, donde más tiempo permaneció fue en una pequeña tienda, ubicada en la calle Tarqui y Mariscal Lamar. “En ese taller estuve como 35 años, allí acabé mi juventud. Ahora, como estar ocioso ando trabajando en este taller”, sostiene entre risas, y menciona que ya no tiene las mismas fuerzas y vitalidad de sus años mozos.
Entre las maderas utilizadas antaño, menciona el laurel, el cedro y el nogal, mientras que ahora dice, trabaja con variedades como el seique y el canelo, materia prima que transforma en útiles caballetes, bastidores o marcos para pinturas y otras artesanías que solicitan sus clientes.
La madera por sectores
Suele comprar la madera para su oficio en sectores como Totoracocha, ya que el último aserradero que existía en el Centro Histórico, a pocos pasos de su taller, desapareció hace menos de 3 años con la muerte de su dueño, don César Landi, quien antes de su partida repartió las máquinas y materiales entre sus 3 obreros que viven en distintas parroquias de Cuenca.
Don Pepito recuerda que desde que tiene uso de razón ha vivido en esta ciudad, aunque es oriundo de Gualaceo. Al respecto comenta: “Yo había venido de guagua acá, de 2 o 3 años” y con cierta nostalgia recuerda los buenos tiempos del oficio y de la juventud.
“Antes era muy bueno el trabajo de la carpintería, ahora ha bajado, cuando cae algo de trabajito, hago algo, cuando no cae nada no hay nada. La mayoría de mis clientes son profesores, gente a la que le gusta aprender el arte”, asegura.
Los aserríos abandonan el Centro Histórico de la urbe
Con la desaparición del aserrío de César Landi, ubicado durante décadas en la calle Mariscal Lamar y Juan Montalvo, en el barrio La Zuelería, estos tradicionales oficios abandonan definitivamente el Centro Histórico de Cuenca, para confundirse en los barrios de las parroquias periféricas de la ciudad.
En estos talleres, los maestros carpinteros encuentran la materia prima que es procesada en grandes máquinas cortadoras, lijadoras y otras, que se utilizan para transformar los tablones gigantes o maderas en tiras y planchas de distinto grosor y extensión, de acuerdo con las necesidades de los artesanos.
Entre los servicios que solía prestar el aserrío de Landi, estaba el de elaborar tiras moldeadas para la producción de marcos para los cuadros.
Los estudiantes para los trabajos manuales acudían donde estos artesanos de la madera.