La práctica del ritual de la couvade, masculina o femenina, consiste en que el padre y la madre, frecuentemente solo el padre, se cuide de realizar esfuerzos físicos y deba guardar reposo y someterse a una estricta dieta que evite la contaminación del recién nacido. Los padres, además, deben permanecer cerca del niño ya que el alma del recién nacido no ha fijado domicilio definitivo y frecuentemente vaga del cuerpo de este al de sus padres.
Los cuidados son tan delicados que el padre debe guardarse de cavar hoyos para evitar que el alma del niño caiga en ellos y pueda escaparse al inframundo; si esto sucediera, el padre debe colocar agua en el pozo y cubrirlo con una piedra ardiente para que en el vapor resultante se eleve el espíritu del niño que será recogido nuevamente. Pero la importancia del nacimiento se extiende hacia el grupo social en su totalidad puesto que “el nacimiento es en primer lugar y más importante una aparición, una epifanía de las fuerzas sobrenaturales”. (O)
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