Mientras tanto, las amas de casa deben comprar los productos en medio del desorden

Insalubridad rodea ‘mercado’ de Machala

Mientras tanto, las amas de casa deben comprar los productos en medio del desorden
04 de enero de 2015 00:00

Lucía Campaña llega todos los lunes en la mañana a comprar la comida de la semana al denominado Mercado Central de Machala, donde por años cientos de comerciantes han ocupado 20 cuadras del centro de la ciudad.

Allí, con el pasar del tiempo, el sistema de alcantarillado ha colapsado: emana malos olores junto a puestos de cárnicos, pescado, pollos y embutidos.

Doña Lucía explica que no tienen más remedio que comprar en aquel mercado para economizar. “Hay que reconocer que las cosas son más baratas aquí. Nuestra economía no nos alcanza para ir a un supermercado. Todos sabemos que hay mucha contaminación, pero es donde me alcanza el dinero”, dijo la compradora.

En las calles céntricas, a 2 cuadras del municipio de la ciudad se ubican 2.500 comerciantes que venden sus productos en completo desorden y con la presencia de roedores que rondan las legumbres, así lo pudimos constatar en un recorrido realizador por EL TELÉGRAFO en la calle Páez, donde se venden mariscos.

En la calle Pasaje pudimos observar veredas con aguas putrefactas, basura en las esquinas, baches y desechos de mariscos y cárnicos. En este sitio, comerciantes de productos del mar, legumbres y embutidos, por años, han invadido los parterres, esquinas y una parte de la vía para comercializar alimentos.

Las ventas se han tomado las calles. En medio de la basura, en algunos casos, se venden los productos que las amas de casa necesitan para la cocina.

La desorganización de los comerciantes no deja circular libremente a taxis o vehículos particulares que se las ingenian para salir del tumulto en medio de tanto transeúnte. Prácticamente la mitad de la calle está ocupada por los vendedores de legumbres.

Los mercaderes invaden las calles Pasaje, Olmedo, Sucre, Páez, Juan Montalvo, 9 de Mayo, Guayas, Boyacá, Kléver Franco, Junín y Guabo. Además, se ve cómo la carne de res cuelga de ganchos de hierro oxidados. La calle Olmedo, a la vez, ha sido ocupada en su totalidad: los vehículos no pueden cruzar por el lugar, ni en el día ni en la noche. Ese es el panorama que se vive a diario en varias calles de Machala, a pocos metros de avenidas regeneradas y turísticas de la ciudad.

Regeneración de calle paralizada

En agosto de 2014 los comerciantes de mariscos de la calle Páez fueron reubicados  en el nuevo mercado Buenos Aires, situado al oeste de la ciudad. En aquella fecha se inició la regeneración de la arteria, la carpeta asfáltica fue retirada y se realizaron trabajos de sustitución de alcantarillado; sin embargo, en octubre pasado los marisqueros volvieron a invadir la calle, alegando que no vendían nada en el nuevo espacio en el que fueron reubicados.

Actualmente la obra está paralizada y a los malos olores, ahora se suma el polvo que levantan los carros al cruzar la calle.

Los vehículos tienen que abrir paso por entre los compradores que se han tomado las calles de la ciudad de Machala y han convertido en un mercado.

El alcalde Carlos Falquez Aguilar dijo en su momento que la obra se reiniciaría el primer semestre de 2015; por lo tanto, no se descarta un desalojo de los vendedores de mariscos, que ahora venden sus productos al lado de alcantarillas abiertas, debido a la regeneración que quedó suspendida.

“Estamos conscientes de que vendemos los productos en medio de la insalubridad y sabemos también que algún día tendremos que dejar las calles. No nos oponemos a la regeneración, pero antes de eso, (el Municipio) tiene que darnos las garantías necesarias para irnos a trabajar a otro lugar y poder vender nuestros productos”, dijo Efraín Soto, representante de la Federación de Comerciantes Minoristas de Machala.

Comerciantes como Martha Delgado comentan que los carros que pasan por el sector también contaminan los productos, además hacen que el agua de las pequeñas charcas llegue hasta los comestibles. Este panorama se agudiza cada vez que llueve; es evidente que los comerciantes se ven obligados a vender sus productos en medio del lodo ante la falta de limpieza y recolección de basura. Un ciudadano molesto dijo que no era posible que cada vez que llueve, el mercado se transforme en basurero.

Charcos de agua putrefacta rodean el ‘mercado’ de Machala, muchas veces estos líquidos saltan a los productos que son vendidos a los clientes. Fotos: Fabricio Cruz / El Telégrafo
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