Intercultural

En Chordeleg, la orfebrería es una labor ancestral

- 14 de mayo de 2020 - 00:00
Los hábiles artesanos de Chordeleg entrelazan finos hilos de oro y plata para formar primorosas joyas.
Foto: Cortesía

El origen de la técnica de filigrana, que se usa en el cantón azuayo, se debate. Hay quienes lo consideran ibérico y otros aseguran que es un arte precolombino.

Chordeleg siempre fue considerada la tierra de los orfebres. En ese cantón azuayo se elaboran joyas finas en oro y plata. Pero más allá de ello, los artesanos conservan la técnica de la filigrana. Esta consiste en hilar el metal para transformarlo en elegantes joyas y, según algunos artesanos, se hace desde la segunda mitad del siglo 18.

Gracias a este arte, Chordeleg ya forma parte de la Red de Ciudades Creativas de la Unesco desde 2017. Alrededor del parque central, los artesanos venden de manera directa sus productos a precios asequibles para el público. Son más de 130 almacenes que ofertan una variedad de modelos en joyas.

Según el artesano Saúl Jara, la técnica de la filigrana es una de las más delicadas y más difíciles dentro de la orfebrería. “Se elaboran las joyas con hilos bastante finos, donde la plata o el oro ya no dan más en su contextura”.

El trabajo de filigrana en el 95% es elaborado a mano. “De lo que conocemos, esta técnica tiene muchos años”. Algunos indican que llegó con la colonia, en tanto otros señalan que tiene origen turco.

Jara explica que en las huacas (entierros) encontrados en el cantón Chordeleg, se han hallado joyas elaboradas con finos hilos. “¿Cómo es que vino de otros países, si nuestros antepasados ya sabían elaborarlas?”, se pregunta.

Flavio Jara, quien tiene más de 50 años de experiencia en la joyería, señala que el arte del filigrana y la orfebrería en esta zona data de tiempos inmemoriales.

Se sabe que el pueblo cañari realizaba piezas de oro y plata; entre ellas una de las reliquias más importantes: el Chunucari, actualmente que es el logo del Banco Central del Ecuador, indica. Y añade: “Cada obra involucra un diseño y planificación, se invierten ideas, emociones, expectativas y mucho tiempo, que finalizan en un producto lleno de significado”.

Estirar, torcer y aplanar el oro y la plata en delgados hilos hasta convertir en finas figuras de animales, símbolos y elementos decorativos es la labor diaria de los orfebres.

Esta actividad requiere de cuidado y destreza. Se trabaja en dimensiones de miniatura para obtener una figura de acabados exquisitos, delicados y de calidad. Los artesanos elaboran variedad de artículos tanto en oro de 14 o 18 quilates, como en plata de 9,25 o 9,75 quilates; entre ellos, cadenas, anillos, candongas, aretes y otros.

Una labor casi comunitaria

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el 67% de la población de Chordeleg está vinculada, de manera directa e indirecta a la joyería.

El río Santa Bárbara proveía de oro a los artesanos, pero con el tiempo esto ha cambiado y ahora lo traen del sector de Bella Rica, del cantón Zaruma, Nambija y hasta del Perú.

El artesano Flavio Jara señala que el trabajo de la filigrana requiere de paciencia, dedicación y mucha creatividad, ya que las hebras son entorchadas y laminadas para, posteriormente, formar diferentes figuras que van creando las piezas.

Para realizar este trabajo se utilizan distintas herramientas, muchas de ellas fabricadas por los mismos orfebres a medida que van surgiendo las necesidades; así que el trabajo del artista va más allá de la pieza misma.

Los orfebres de Chordeleg crean piezas únicas que se exhiben y ofrecen a quienes visitan sus locales.

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