Además de las dificultades que representó la salida forzosa de nuestra tierra en 1999, miles de baneños sentimos con más fuerza el golpe económico que fue para el país la dolarización. La evacuación fue, sin duda, un evento de tinte político.
Las autoridades de aquel entonces argumentaron que teníamos que salir por nuestra seguridad, pero si comparamos la actividad volcánica del ‘99 con la de 2006, esta última fue sin lugar a dudas mucho más fuerte, sin embargo no fue necesaria una evacuación. La emergencia se manipuló para distraer la atención de la población nacional ante la crisis financiera que atravesábamos, y que desembocó en el feriado bancario.
En mi caso tuve que salir a Ambato, ciudad a donde trasladé mi oficina de actividad jurídica. En eses entonces tenía 30 años, motivo por el cual no me resultó tan difícil acostumbrarme al cambio de moneda, y a las dificultades que esto trajo, al igual que mis contemporáneos y población más joven.
No así con personas de la tercera edad, quienes no terminaban de hacerse a la idea de que la moneda con la que ellos habían comerciado toda su vida, había muerto y en su lugar, se había implantado una extranjera. El estrés de este evento, causó que muchos enfermaran y otros hasta murieran.
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