El bajón de ventas afecta a más de 60 negocios en Quisapincha
Calles llenas de compradores, parqueaderos repletos y turistas tomando fotografías en la plaza del pueblo en medio de un comercio intenso. Hasta hace un año estas escenas se replicaban los fines de semana y feriados en la parroquia Quisapincha, en Tungurahua.
Pero en los 2 últimos años los negocios se vinieron a menos en esa población, situada a 20 minutos de Ambato. Es un sitio que se destaca por la fabricación de prendas y artículos elaborados con piel de vacuno.
Este bajón comercial se acentuó a comienzos de 2016. Según los productores fue causado por la apreciación del dólar que volvió más atractivos los productos de Perú y Colombia.
Para tener una idea de esto, mientras en Quisapincha una chompa de cuero cuesta $ 100, en Ipiales (Colombia) se oferta en $ 30. Todo depende del tipo de cambio. Hoy, con un dólar se compran 3.052 pesos y 3,33 nuevos soles.
Por lo menos el 50% de los casi 13 mil quisapincheños se dedica directa e indirectamente a esta actividad que tomó fuerza en 1988 con la industrialización de la curtiduría.
Desde entonces, chompas, pantalones, zapatos, gorros, correas, chalecos, bolsos, maletas y otros productos de cuero se confeccionan a diario en más de 60 talleres artesanales y fábricas. Luego estos productos se exhiben en locales remodelados con grandes vitrinas, que ahora no tienen clientes.
Juan Velasteguí, propietario de Gypsy Piel, es uno de los afectados a pesar de que igual que sus vecinos abre a diario su tienda con la esperanza de vender. “El negocio cayó desde mediados de 2014, cuando el peso colombiano y el sol peruano empezaron a depreciarse y volvieron atractivos esos mercados para nuestra gente. Hace 2 años, en los talleres grandes se elaboraban unos 2 mil artículos mensuales. Hoy la producción se redujo en 70%”.
El turismo también fue afectado. “Entre el viernes y el domingo, llegaban no menos de 500 personas a visitar los talleres y recorrer las zonas naturales del páramo, los huertos ecológicos y los miradores”, dijo Rebeca Fernández, dueña de una tienda cercana a la plaza principal.
A los productores locales les inquieta que miles de ecuatorianos, entre ellos gran parte de sus clientes, viajen a Ipiales cada fin de semana por ropa, comida y otros servicios.
Norma Santillán, propietaria de un almacén de chompas, se trasladó hace 2 semanas al departamento de Nariño para comparar precios. “Una prenda que en el Ecuador cuesta $ 40, en Colombia vale menos de $ 18. Se organizan tours de compras a Ipiales y Aguas Verdes”.
Esta situación preocupa también a las autoridades cantonales. La vicealcaldesa de Ambato, María Fernanda Naranjo, considera que si esta situación no mejora a corto plazo, se debería hacer un análisis profundo para conocer las afectaciones exactas en cada local. “Haremos reuniones para escuchar las propuestas de los comerciantes y la factibilidad de ejecutar un plan para fortalecer la cadena de expendio”.
El desplome de ventas en Quisapincha afecta también a las curtiembres ambateñas. “En Ambato está más del 50% de las curtidurías del país. Entre nuestros principales clientes están los de esa parroquia y su situación compleja obligó a reducir nuestra oferta”, aseguró Alberto Cáceres, propietario de Curtiembres Cáceres. (I)
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